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MARÍA DEL PINO FUENTES DE ARMAS

Cortar cabezas

20/jul/09 07:36
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A MÍ LO DEL REFRANERO español siempre me ha gustado, por eso aplicaré el que señala: "el que a hierro mata a hierro muere", en relación con las sacudidas mediáticas que le están dando al emperador de la comunicación italiana, el inefable Silvio Berlusconi, el "papito" de las neo prostitutas de turno. Esas que empiezan haciendo el papel de fierecillas domadas para acabar convirtiéndose en cazadoras de fortunas, bien por fingir amar a un cuerpo viejo vía compromiso matrimonial, bien por pasearse por los medios de comunicación contando cómo las pretendía saciar de placer un señor que presume de honrado padre de familia, de probo defensor de los derechos humanos y de garante de los valores intrínsecos de una sociedad modélica.

Pero Silvio no está solo en esta tarea de dotar de una nueva vida a la prostituta moderna, cuyo papel mediático crece con cada nuevo affaire, le acompañan en la amplia relación de cabezas guillotinadas importantes deportistas, políticos, empresarios, docentes, actores, músicos, y hasta pastores de diferentes confesiones religiosas. Y es que esto del sexo como muestra de prestigio social une mucho, y si además se hace con un carácter paternalista para ayudar a redimir a jóvenes que por culpa de un mal paso se han convertido en pendones, mucho más.

La ingenuidad de estos varones es sorprendente; no se han dado cuenta que la prostituta que empezaba de abajo, ejerciendo el oficio toda una vida, trabajando duro, esperando mientras se le escapaba la juventud a alguien que le pusiera un piso o le montara un burdel, es casi historia. Las de siempre eran mujeres discretas, de las que callaban infidelidades, y no vulgares charlatanas, cazadoras de nombres susceptibles de salir en los periódicos, capaces de ridiculizar las artes amatorias del ingenuo conquistador, exigiendo su derecho al orgasmo y a hacer con su cuerpo lo que les apetezca, detallando entradas y salidas gracias a ese teléfono móvil de última generación, con el que han fotografiado el tálamo del sacrificio, filmado el vídeo del coito o grabado el álgido audio del mismo.

Las posmoputas ya no son lo que eran. Ahora el oficio les dura poco, lo suficiente como para saltar a los medios de comunicación, emborracharse de un éxito efímero y dedicarse a la canción, al arte dramático, a tertulianas y reporteras, a asistir más desnudas que vestidas a las fiestas de las celebridades, siempre en busca de nuevos corderos que llevar al altar del sacrificio mediático, lo que sea con tal de no volver a la vida de una mujer desconocida para las mayorías. Se ponen silicona en los pechos y hacen un posado; se tatúan el nombre del nuevo amor y dan una entrevista; les pillan desnudos en una playa y demandan; salen en Semana Santa de cofrades y van a contar su mística experiencia a un programa del corazón. Terminan siendo una plaga imposible de exterminar.

Y es que desde el momento que cuentan cómo lo hacen, la frecuencia y si respetan o no la ley antitabaco, cosechan el éxito social y firman el contrato de su nueva vida con los medios de comunicación. Se muestran sin pudor alguno ante los públicos, hacen reportajes y entrevistas donde exhiben sus miserias, y todo ello ante la babeante aprobación del pueblo que ve cómo estas ajusticiadoras de tres al cuarto castigan a los poderosos. La satisfacción llega al paroxismo, crece y hasta busca ampararse en la legalidad, cuando el reo reconoce su error y la respetable le plantea el divorcio, cuando se castiga al hipócrita que va de moralista, al que se jacta de sus triunfos amatorios y al que, supuestamente, hace uso del dinero público para pagar sus orgías. Como contribuyente todo esto me parece bien, creo que se debe condenar, sin llegar a ser moralista, con el repudio social al que delinque en estos asuntos, pero de ahí a hacer apología del proxenetismo como vía para lograr el triunfo personal y hacer carrera va un trecho.

La pandemia es tal que de las numerosas intervenciones del puterío se desprende la importancia que hoy en día tienen los que hacen del sexo su catapulta profesional, confundiendo a muchos jóvenes con los argumentos de la libertad individual, del todo vale con tal de alcanzar el placer, de lo lícito de la promiscuidad, de la no cultura del esfuerzo laboral como fórmula para lograr una estabilidad económica. Lo más difícil que han hecho estas estrellas fugaces ha sido acostarse con un famoso o famosilla, con carne catalogada de noticia, pues lo demás les ha venido solo. Pero que nadie se equivoque, para pecar hacen falta dos, y el someter al escarnio público al que te ha pagado para mantener relaciones sexuales consentidas, contratando tus servicios, no te exime de haber ejercido la acción calificada como prostitución. Da igual que el putero abone la tarifa en monedas, influencias, recomendaciones, joyas o alquiler, pues el que lo recibe siempre será un putón, y el que lo hace con alevosía y premeditación para cazar al susodicho es, además, un hijo de puta, especie que abunda en la terraza de verano de cualquier local. Abstener los incautos.


 

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