LA MINISTRA de Vivienda, Beatriz Corredor, que a efectos de los ciudadanos es una gran desconocida, estuvo de paso fugaz por Canarias. Su departamento, que debería ser uno de los más importantes del país, pasa en pocas horas de mantenerse en el anonimato a desarrollar mucha actividad, prometiendo la construcción de unas 1.700 viviendas de protección oficial para Santa Cruz.
El ordenador, instrumento indispensable actualmente, con acceso rápido a la información de internet, me ha permitido husmear en el BOE, y obtener el Plan Estatal de Acceso a la Vivienda (Real Decreto 801/2005 de 1/07). Para un profano, la lectura de este engendro documental no produce otra cosa que un fuerte dolor de cabeza, y la reproducción de tantos datos complicaría la vida al más pintado. Las instrucciones están para los técnicos, y aún así sufrirán "jaqueca" perenne, ya que deberían informar y facilitar al ciudadano el acceso a una vivienda digna. Aún así, logré traducir que ofrecen fórmulas, tres tipos de viviendas y el costo según los metros cuadrados. Pero en el meollo de la cuestión se soslaya o no se entra de lleno en el problema principal que no es otro que el suelo, caro e imprescindible en Canarias. Hay por supuesto facilidades crediticias y años para pagar con intereses blandos, sin embargo, vender una vivienda de unos 70 m2 con garaje incluido no costará menos de 75.000 euros, con el valor actual del suelo, y será una misión imposible.
A principios de los 50 existía en Tenerife una gran bolsa de negocios que actualmente es menos boyante. La plaza Weyler constituía diariamente un hervidero de gente que negociaba con todo tipo de mercancías, enseres o propiedades. En aquella época, la agricultura era el mayor negocio porque se necesitaba agua. Quien poseía unas fanegadas de tierra cultivable, e incluso pequeños huertos, plantaba y ganaba para su sustento y algo más; por eso la agricultura era el pilar de nuestra economía. Después, la tierra se convirtió en cemento, los padres dieron carrera a sus hijos, y éstos se convirtieron en señoritos acomodados, haciendo desaparecer la figura del agricultor y llevando el negocio a pique. Pasados los años, esta zona sigue siendo lugar prioritario de transacciones comerciales y todos los días interesados preguntan a intermediarios si tienen parcelas de suelo barato, ya que constructores y promotores quieren acometer obras de acuerdo con lo que dicta el BOE, aunque la realidad dicta que no hay superficie disponible, por lo no resolverá el problema a los necesitados de viviendas. ¡Se quedarán con tres palmos de narices, señora ministra!
Existe el Sepes (Entidad Pública Empresarial de Suelo), que mediante acuerdos con los ayuntamientos pueden disponer de suelo barato, pero la construcción de posibles viviendas son adjudicadas a empresas de allende los mares. ¡Qué curioso que a las sociedades canarias les toque poco!
Hace falta dinamismo, menos instrumentos farragosos y más clarividencia y ganas. Tenemos buenos constructores y promotores que desean dar trabajo, y que podrían paliar algo del gran desastre del paro, que comienza a pasar factura. Agradecemos a doña Beatriz Corredor sus amables y escasas horas dedicadas a las Islas, pero si quiere que su departamento influya en la economía del país, menos aparejos y más agudeza, que se necesita suelo barato. Si no lo tiene, fináncielo para que las pymes estén ocupadas.
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