ES, CADA VEZ MÁS, una práctica habitual. Es muy fácil, se le echa la culpa a uno, a otro o a otros, se ahueca el ala y se deriva hacia el limbo de la irresponsabilidad. ¿Nunca les ha pasado que van a un mecánico y como por casualidad un diferente profesional haya tocado algo o alguna vez las tripas del vehículo, ya lo incriminan asesinamente en la nueva avería? Te dejó el catalizador mal. Con las responsabilidades médicas, por ejemplo. O con los accidentes aéreos.
En todo. La política sin duda es un territorio abonado para escurrirse y devolver, mandando a diestro y siniestro, las pelotas. Fuiste tú, no fuiste tú? El PP es corrupto, no es el PSOE, no los de Coalición... enchumbando pa'rriba, pa'bajo, pa'tras y pa'lante, lo cierto es que uno no es responsable de nada. Fue el anterior equipo de Gobierno. Fue heredado y ya está, te quitas el muerto. Sencillo. Fue el Cha, cha, cha? y la grada contenta.
Hay que reconocer que todos los profesionales y digo que cada vez en mayor abundancia lo hacen. Es práctica extendida, escaqueando el bulto.
Es triste que en la actividad moderna, tan departamentada y seccionada, nadie se moje a excepción de aquel que trincaron con las manos en la masa. Del que no puede escabullirse, o bien por grave o bien por evidente.
Las cosas se han complicado tanto, en sentido burocrático y formal, que nada se soluciona inmediatamente, todo es un complejo proceso de presiones tortuosas y elementos de decisión etérea en el que intervienen diferentes personas velando por sus intereses egoístas y claro, al final, entre todos lo matamos y él solito se murió.
"Un buen día, los hombres decidieron que podían vivir sin dioses. Así que hicieron limpia: cogieron el cuchillo y, sin más, los mataron. Sin embargo pasó el tiempo, y los hombres se dieron cuenta: les faltaba algo en qué creer. "Bueno, pues creemos dioses nuevos". Y eligieron algunos mortales para convertirlos en deidades. Pero los mercaderes siempre acechaban el templo, frotándose las manos: "Mi hijo será el nuevo dios". La religión es poder y no pocos padres procuraron que fueran sus familiares los elegidos. Hasta que los mataron otra vez y así sucesivamente siempre habían cabezas de turco a los que achacar lo males".
El término proviene de la obligación colectiva que existía para los fallecidos abandonados en un pueblo. Un impuesto llamado "homicidios" que debían pagar los empadronados si no se encontraba a los familiares o al causante. La expresión echar el muerto y sus variantes echar el muerto a casa, a puerta ajena o al vecino, se utilizan comúnmente para imputar a un tercero la culpa de lo que no ha hecho. Como lo de Tebeto, que el que menos culpa tiene es el Gobierno actual.
El origen de la expresión se remonta a la Edad Media, en la que según las leyendas medievales, cuando dentro del término municipal aparecía el cadáver de una persona muerta de forma violenta y no se llegaba a esclarecer quién había cometido el asesinato, los habitantes de dicho paraje estaban obligados a pagar una buena multa.
Para evitar saldar la sanción, los vecinos aguzaban el ingenio hasta límites insospechados. Uno de los recursos más utilizados era no airear el hallazgo, meter el cadáver o cadáveres en sacos y, en la oscuridad de la noche, arrojarlos en el término de otro pueblo próximo y muchas veces, este a su vez a otro. El pobre cadáver podía pasar por unas cuantas villas. Echar el muerto a otro pueblo vecino equivalía, pues, a cargarle con la responsabilidad del crimen o el abandono y con la multa correspondiente, salvo que se identificara, entregara o se capturara al asesino.
Resulta que usted y yo somos los responsables del hambre en el mundo, del calentamiento global, de la desaparición de las especies, del hueco de la capa de ozono? y que como se bañe mucho y sea muy limpio va a tener que apechugar con la mala conciencia de ser el jodido culpable de la desertización.
Hay que pedir un fisquito de responsabilidad vocacional y humana, de sentido común y compromiso y no nos queda más remedio que tomarnos la marea de quitarse el muerto con un poquito de humor.
"Con la gente que no tiene sentido del humor no se puede hablar en serio".
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