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ÁNGEL RIPOLLÉS BAUTISTA

Granadilla y Los Abrigos

19/jul/09 07:59
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SoN UNA MISMA cosa. Granadilla es El Médano, Los Abrigos, es el pequeño puerto, su pescado, su sencillez.

Para conocer Granadilla y Los Abrigos hay que amar sus tierras y a sus hombres y encontraremos la verdad profunda de esas dos tierras.

Que nadie llegue a ellas con torcidas intenciones. Hay que llegar allí con natural sencillez.

Por eso, cuando en alguna fiesta los jóvenes son convocados al trabajo, la fiesta se queda a la mitad y el júbilo se traga junto al polvo de la viruta de las empaquetadoras. Y luego la fiesta continuará con el cansancio a cuestas de la resistencia, y la sonrisa colgada de los labios.

Porque de Granadilla y de Los Abrigos se puede decir, como dijo el poeta, que las honras consisten no en tenerlas, sino sólo arribar a merecerlas.

Granadilla: flor de la pasionaria, según la acepción botánica. Así también la veo yo. Como la pasión que se alza en defensa de todo lo justo y de todo lo bello. Que se alza, desde el centro del pueblo hasta Charco del Pino, y, pasando por San Isidro, llega a El Médano.

El poeta Pereira dijo: "Dios sabrá por qué, entre tantos regatos, sólo uno llega al río". Digo yo que Dios sabe también el porqué de tantos pueblos en esta hermosa Isla, sólo uno, Granadilla, tiene El Médano. Ese montón de arena casi a flor de agua, en paraje en que el mar tiene poco fondo. Y tiene a Los Abrigos, con su puertito marinero y unos hombres maestros en el arte de pescar.

Granadilla es lugar de paso para nuestras cumbres. Será por su gran deseo de perfección, por ese querer acercarnos al Cielo, porque estamos casi tocándolo con la mano, cuando, desde aquí, subimos junto al Padre Teide.

Por eso, veo a este pueblo como un pentagrama de vida que canta desde lo alto su desgranarse en el mar, su desgranarse en Los Abrigos.

Allí nada ha nacido sin querer decir algo. El pueblo es una inmensa cruz, con un brazo abierto hacia la cumbre, y el otro tendido hacia la mar.

Granadilla es lo inesperado. La sorpresa de la Isla, con sus poéticos evocadores nombres, de Los Blanquitos, Los Abrigos, Las Palomas, El Salto y El Desierto. Lo inesperado. La sorpresa de la Isla. Aquí es donde se percibe la Isla. Se siente uno mismo. Con sabor a roca y a lo salobre del agua, que eso es Isla.

Granadilla tiene rincones dedicados a la hermosura. Con mujeres que sólo puede dar Granadilla.

Y cuando llega el verano, llegan los meses de los trigales. De las amapolas. Del trinar de pájaros. Se espera que vaya a iniciarse el verano para festejar al santo del amor. Se oye la oración en el templo y el regocijo en la plaza. De González Mena, plaza en la que aún se puede vivir en paz, a la sombra de un árbol y frente a un mar infinito, insondable, y pensar en Los Abrigos, en sus habitantes, en su gastronomía, en sus plazas hoteleras.

Y llega el mes de las vacaciones judiciales en el que se impone el merecido descanso. Esto quiere decir que hasta septiembre no volveré con mis sencillos escritos.

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