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Sentimientos contradictorios con los niños saharauis

Como cada verano, la llegada de los niños saharauis reabre el debate de los sentimientos, con razones a favor y en contra del sistema. Este año dos de esos niños, Farra y Mohamed, viven su última experiencia en la Isla. Tras recibir las ventajas sanitarias y humanitarias, deben regresar por siempre a su hostil espacio vital.
12/jul/09 07:44
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FARRA Y MOHAMED, dos niños saharauis en su última visita a la Isla./ M.CH.
FARRA Y MOHAMED, dos niños saharauis en su última visita a la Isla./ M.CH.

M. CHACÓN, Los Llanos

Nos visitan todos los veranos desde hace muchos años. Se llaman "Vacaciones en Paz", un programa de apoyo solidario basado en la humanidad de las familias acogedoras. Son niños menores de 12 años que provienen de los campos de refugiados de Tindouf (Argelia), donde 200.000 saharauis soportan un exilio de más de 30 años, provocado por la ocupación militar del Sahara Occidental por parte de Marruecos e incentivado por el abandono que España ha tenido en el asunto. El contingente llega casi siempre incompleto. Nunca vienen todos los que se esperan, pero siempre se van todos los que vienen.

Cuando pase este verano, dos de ellos, como sucede siempre, no podrán volver más. Para Farra y Mohamed (ambos de 12 años), serán sus últimas "vacaciones en paz", lo que provoca un sentimiento contradictorio a las familias. Una carga mental basada en el enfrentamiento de razonamientos poderosos para argumentar las ventajas y las desventajas de que vengan dos meses al año al mundo del despilfarro, pese a los tiempos de crisis.

A favor, son muchos los razonamientos: el nutricional, con el que se corrigen deficiencias alimentarias; el sanitario, que permite revisiones médicas que se les realizan para curar enfermedades que allí son insalvables, y sobre todo, el humano, por el contacto directo que estos niños tienen con unas familias que se desviven por hacerlos sentir bien, lejos del hábitat hostil en el que viven.

Pero también los hay en contra. ¿Qué pasa cuando se tienen que quedar definitivamente allí? ¿Para qué sirven las "vacaciones" si luego deben regresar a un espacio vital desolador sin remedio? Es como si se le mostrara lo que el mundo es capaz de ofrecer para luego decirles "lo sentimos, esto es lo que te toca a ti".

Desde la Asociación Canaria de Amigos del Pueblo Saharaui no se comparte esa idea. Entienden que incluso en el regreso definitivo a los campamentos existe un razonamiento positivo. Así, la delegada en La Palma, Celia Fernández, cree que "les ayudamos a desarrollarse como personas. Cuando ellos ya no salen, otros vienen por ellos. Los que regresan tienen la posibilidad de estudiar en Libia o Argelia, si son buenos estudiantes. Ellos de esta manera forman a su gente, a sus niños, para que cuando sean adultos estén preparados y puedan hacer frente a la difícil situación de su pueblo".

No dejan de ser opiniones externas. No son realmente los afectados. Ellos, los niños, casi no hablan de este asunto, menos aún en un aeropuerto después de 14 horas de vuelos y escalas. Ellos dos, Farra y Mohamed, viven en estos días su última estancia en La Palma. Cuando acabe agosto regresarán, ahora de forma definitiva, a Tinduff y el próximo verano no podrán volver. Ojalá tenga razón Celia.

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