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El programa de espionaje de Bush tras el 11-S iba más allá de las escuchas

Un nuevo informe concluye que el ex presidente ideó un extenso programa de actividades de inteligencia secretas que generaron poderes "sin precedentes" al Gobierno en materia de espionaje. Las actividades autorizadas por Bush siguen siendo clasificadas; sólo un grupo muy reducido de personas las conocían.
12/jul/09 07:44
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POR ORDEN DE LA CASA BLANCA, sólo un grupo muy reducido de personas tenía conocimiento del programa./ EFE
POR ORDEN DE LA CASA BLANCA, sólo un grupo muy reducido de personas tenía conocimiento del programa./ EFE

EFE, Washington

Los esfuerzos del Gobierno de George W. Bush por impedir un nuevo atentado terrorista en suelo estadounidense tras el 11-S iban mucho más allá del polémico programa de escuchas sin orden judicial, según un nuevo informe.

En el documento, de 43 páginas, un equipo de cinco inspectores generales concluyeron que el ex presidente ideó un extenso programa de actividades de inteligencia secretas que generaron poderes "sin precedentes" al Gobierno en materia de espionaje, de acuerdo con el texto que recogían ayer los medios estadounidenses.

En el periodo previo a los atentados del 11 de septiembre de 2001, la llamada "Ley de Supervisión de Datos de Inteligencia sobre Extranjeros (FISA), que data de 1978, fue vista como la principal herramienta de las autoridades estadounidense para interceptar comunicaciones en pro de la seguridad nacional.

En los días posteriores al 11-S, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA en sus siglas en inglés) se basó en esta ley para reunir información de inteligencia sobre los atentados.

En esa fecha, el entonces director de la CIA, George Tenet, preguntó al director de la NSA, Michael Hyden, si la agencia podía hacer más contra el terrorismo, a lo que éste le respondió que todo lo demás excedía las competencias otorgadas en materia de espionaje.

Poco después, Bush autorizó en un solo decreto presidencial a la NSA para efectuar actividades nuevas.

Las actividades autorizadas por el ex presidente siguen siendo clasificadas, aunque en 2007 el entonces Fiscal General, Alberto Gonzales, reconoció en una carta que existían. Sólo se sabe lo que admitió en 2005 el Gobierno; que autorizó interceptaciones de comunicaciones internacionales sin orden judicial cuando hubiere una "base razonable" para concluir que una de las personas es un miembro de Al Qaeda, afiliado de Al Qaeda o un miembro de una organización afiliada a este grupo terrorista.

Este programa fue conocido como "Programa de Vigilancia de Terroristas", lo que, sumado a las otras actividades no desclasificadas, derivó en el "Programa de Vigilancia del Presidente".

El ex presidente Bush autorizó cada 45 días las actividades de inteligencia contra presuntos terroristas y ordenó que se mantuvieran en secreto.

El informe indica que, por expresa orden de la Casa Blanca, sólo un grupo muy reducido de personas podía tener conocimiento del programa. También pone en duda la base legal esgrimido por altos funcionarios para autorizar las actividades de inteligencia e incluso relata un desacuerdo entre la Casa Blanca y el Departamento de Justicia sobre la validez de las justificaciones.

En 2004, Bush accedió a modificar el programa y a eliminar ciertas actividades de inteligencia.

Los inspectores generales cuestionan además la contribución de este programa a los esfuerzos de la lucha antiterrorista del Gobierno, después de haberse entrevistado con más de 200 altos funcionarios y agentes de agencias de espionaje.

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