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JOSÉ Mª SEGOVIA CABRERA *

De Hoya Fría al Balneario

12/jul/09 07:44
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Desde hace unas semanas, meses quizás, anda revuelto el mundillo cívico-militar de nuestra isla por el tema de la propiedad de los terrenos donde se asienta desde hace la friolera de 60 y pico años el campamento militar de Hoya Fría, sobre cuyo nombre los historiadores y cronistas de la vida de nuestro pueblo deberían ilustrarnos al resto de los chicharreros y tinerfeños y hasta canarios en general, que eso de "Fría" tiene su intríngulis para los que allí hemos vivido. Dicen que estos terrenos fueron cedidos al Ejército por la familia tan canaria y patriota de los Rodríguez López cuando el Movimiento, en una cesión que siempre creí fue puramente altruista y de apoyo a la llamada Cruzada Nacional por unos y rebelión militar por otros, según el cristal con que se mire, pero que ahora parece ser que se basaba en un compromiso por salvar la vida de alguien de opiniones opuestas a aquellas que motivaron la guerra civil, de la que por cierto la Memoria Histórica gubernamental está haciendo, como no podía ser menos, una versión parcial e injusta. Pero esa es la baraja que hay y ya se sabe, o se rompe o se juega con ella, y en eso estamos, en el juego.

Para los que hicimos a partir de los primeros años 40 el servicio militar obligatorio (que se ha llevado por delante el vendaval democrático que nos invade) en la Milicia Universitaria de tan feliz recuerdo para las decenas de miles de estudiantes universitarios de toda España que elegimos esa vía para cumplir con la obligación que teníamos de prestar dicho servicio, el campamento de Hoya Fría es parte de nuestra propia vida y por ello es evidente el interés que tenemos por una feliz resolución de la sentencia del Tribunal Supremo que sólo puede tener ese final en la devolución de unos terrenos a sus anteriores propietarios al haberle dado el Ejército a parte de ellos un destino no contemplado y opuesto a las condiciones por las que los mismos se le cedieron. Parece que va a desaparecer Hoya Fría, por mucho que nos pese a quienes en ella pasamos al menos dos veranos de disciplina militar y formación como oficiales, y donde en la actualidad y gracias a la constancia de un grupo de exoficiales de complemento que capitanea José Méndez Santamaría se celebra todos los años en sus instalaciones un acto conmemorativo de las diversas promociones que por ellas pasaron a partir de esos 60 años antes mencionados. Yo, como antiguo residente veraniego en Hoya Fría, suelo asociar mi estancia en ella con las idas al Balneario, institución ésta que, con vergüenza para todos, estamos dejando que se deshaga y arruine ante la desidia de los organismos oficiales, que deberían prestarle asistencia, ayuda y el firme deseo de que no desaparezca algo que fue emblemático en su día, donde la juventud tinerfeña pudo iniciar la práctica de la natación deportiva en la que tuvimos figuras de carácter internacional, que me permito resumir en la figura tan querida de Paco Calamita, hace bien poco desaparecido.

A alguien se le ocurrió la excelente idea de que los alumnos que en el campamento de Hoya Fría recibían instrucción militar hiciesen también prácticas natatorias en el Balneario y aprendiesen a nadar los pocos que no lo sabían hacer, ya que eso del mar y sus olas es afición bien conocida en la isla, como es evidente, aunque, al parecer nuestros aborígenes guanches no conocían ni la navegación, aunque otras cualidades tendrían, digo yo. Tenía yo alguna experiencia del caso, pues me había tocado la movilización militar creo que del año 42 ó 43, y me habían metido en el Cuartel de Ingenieros en Madrid, donde formé parte del equipo de natación del mismo con el que participamos en unos campeonatos de la 1ª Región Militar en los que quedamos sub-campeones y donde la prueba estrella era atravesar la piscina con todo el equipo militar encima. Así que aquello de ir a bañarnos al Balneario me pareció una idea de lo más brillante y era una gozada ver cómo, llegado el momento, nos aprestábamos todos a ir andando desde el campamento con nuestro rollo de bañador y toalla en la mano. Las idas eran por la mañana, y salíamos todos en formación pero sin llevar el paso, claro, hasta que nos acercábamos ya por las Asuncionistas o la plaza de la Paz, en que ya íbamos marcándolo y así, cantando las canciones al uso en aquella época ("Margarita se llama mi amor"), militares y no militares, atravesábamos toda la Rambla hasta la carretera de San Andrés, donde se volvía a deshacer lo de marcar el paso, con lo que volvía el hablar y charlar y reír cuando había que hacerlo, que siempre hay gente alegre y divertida que hacía más llevadera la caminata de un montón de kilómetros, y si no, prueben ustedes a hacerlo un día de estos, con sol y todo.

Una vez en el Balneario, la verdad es que lo pasábamos muy bien y todo se reducía a tirarnos de los trampolines altos, de pie o de cabeza, como quisiera cada uno, y a atravesar la piscina unas cuantas veces. El problema era que había gente que no sabía nadar y aprovechaba esa circunstancia para aprender a hacerlo, lo que no siempre es fácil. Me acordaré para toda la vida, la poca que ya me queda, de un muy querido compañero de nuestro grupo de Ingenieros, ya fallecido, Bernabé Rodríguez, de luego amplia y exitosa carrera profesional, que el hombre no sabía nadar ni hizo tampoco grandes esfuerzos por ponerse al día. Y el problema era lo de tirarse del trampolín, ya que como no sabía nadar si no se le ayudaba, se nos iba a ahogar, así que otro inolvidable compañero como fue Félix Clavería y yo le esperábamos abajo, en la piscina, y cuando saltaba desde el trampolín y se sumergía, nos encargábamos luego de recuperarlo y llevarlo, que tuvo que abandonar el campamento y ser oficial al no decidirse a dar el salto desde el segundo trampolín. Lo único que se exigía, aparte del obligado salto, era atravesar la piscina por sus propios medios, cosa que pudo hacer Bernabé nadando de espaldas, sin mover los brazos, que actuaban de flotadores, y dándole sólo suavemente a los pies, y con Félix y yo a cada lado, por si acaso.

La vuelta a Hoya Fría era también agradable y con el mismo rito que a la ida al Balneario, es decir, canciones, paso militar y francachela. Según donde nos hallásemos. Como en aquella época yo vivía en la calle General Sanjurjo, casi ya en la Rambla, al paso de vuelta me solía esperar la muchacha, Juana, que teníamos en casa por aquellos tiempos, y me bajaba a la Rambla un gran bocadillo que solía compartir con los amigos íntimos del campamento. Imagino que cuando se llevaron el campamento de milicias a Los Rodeos desapareció este paseo al Balneario e ignoro si hubo alguna especie de "compensación" en cualquier otro sentido. Pero a los que hicimos nuestros dos veranos en Hoya Fría, la ida al Balneario era un acontecimiento y una diversión dentro de la rígida disciplina militar. Inolvidables años.

* Alférez de Complemento

de Ingenieros. 4ª Promoción

LA EJECUCIÓN de la sentencia de Tebeto, validada por el Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC) y recurrida en milagro descabellado al Tribunal Supremo, clava una puntilla importante sobre las cuentas autonómicas. Puede constituir la tremenda estocada de la corrida, dado que ya existen otras sentencias no solventadas ni ejecutadas que pueden haber dejado antes tocado al animal. Más muertos que vivos "hay un montón de expedientes a sabiendas de que se van a perder por no tener viabilidad jurídica defensiva, con la consecuencia de que finalmente se tendrá que hacer frente al fallo, a los intereses y a los gastos de las costas", incluso a los cortados, desde la conocida expropiación del edificio anexo al Parlamento, Meloneras, Fuerteventura..., pasando por múltiples y conocidos contenciosos en los que es dilatada de forma torticera la resolución definitiva.

Doscientos millones de euros contantes y sonantes que en un muy breve espacio de tiempo tendrá que cascar el Gobierno autonómico en el nombre de todos nosotros para hacer frente a las inminentes ejecuciones. Los empresarios D. Rafael Bittini y D. Eustasio López (Canteras Cabo Verde y Lopesan, respectivamente) serán los principales beneficiados de una serie de pagos que ponen en jaque mate a la economía autonómica. Se calcula en el doble (por lo menos) la suma de "asuntos perdidos" y larvados en el purgatorio de los recursos y apelaciones.

El empresario Bitini, que consiguió que la Sala de lo Contencioso fallara a su favor por el asunto de la montaña de Tebeto (explotación minera paralizada por el ejecutivo después de una concesión a muchos años), depositó en el TSJC un aval bancario de la entidad financiera inglesa Lloyds por valor de 101.230.000 euros. Salva pues el último escollo para lograr el cobro de la indemnización a la que fuimos condenados con sus correspondientes intereses y costas. En un principio, el dinero permanecerá depositado en una cuenta corriente de Lloyds, a la espera de que el Supremo resuelva el recurso y generando un beneficio que le reportará importantes dividendos al empresario.

Pero ¿de quién es la culpa del desaguisado? ¿Del gobierno actual? ¿De los gobiernos que provocaron con sus contradicciones las primeras hostilidades judiciales? ¿De los equipos jurídicos? ¿De las formas irresponsables de encarar los procesos? ¿Del sistema de impunidad a largo?... ¿De los canarios?

Contestando a estas preguntas que más o menos nos hacemos todos, bajo mi punto de vista es muy injusto intentar achacar al Gobierno actual casos que provienen de decisiones tomadas en origen hace decenas de años. Es como si le echamos la culpa de la gripe AH1N1 al señor fallecido en el Doctor Negrín.

Probablemente en una combinación de "tornillos" y "velillos", los equipos jurídicos o los responsables del ejecutivo en los tiempos de inicio de cada una de estas reclamaciones mezclaron irresponsabilidad, con largo plazo gratuito e incapacidad profesional y los que vinieron detrás fueron mirando a otro sitio como las avestruces. Sí. Los asesores jurídicos tienen mucha culpa, el sistema también y las formas diluidas de encarar las cosas también, pero los políticos que no miraron más allá de su limitado espacio temporal de resplandor son los que pueden haber provocado el desastre.

Haríamos bien en hacer una recreación en vivo de principio a final. Una especie de novela o serie por capítulos. Un carísimo culebrón, desde la edad de piedra hasta los 101 millones cascados en este episodio y veríamos qué parte de los sentados en otras poltronas y sanedrines, que ahora acusan a D. Paulino Rivero, están pringados directa, indirecta o colectivamente hasta los tuétanos en la paternidad de la criatura diabólica.

Pero les digo una cosa: en un mundo que por inteligencia colectiva huye de los borregos, si la autonomía se va pal´piso, financiera y/o políticamente, dejando de contener un trozo del espejito mínimo de identidad, por ridículo que pueda ser el tamaño, para mirarnos, aunque sea de refilón y cuando otros territorios de este Estado ya tienen espejos gigantes por toda la casa, no quedará otra que salir zumbando e irnos al Baño Barato.

Ni al Estado, ni al PSOE, ni al PP? les interesa el patinar económico o político de la autonomía y dada la posición geoestratégica, su voladura desde dentro puede ser y está siendo la mayor irresponsabilidad de todas.

¿Les digo otra cosa? Tan lejos, no viviremos sin espejos.

infburg@yahoo.es

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