CUANDO dejamos que la vida se escape por las preocupaciones superfluas o los encantamientos de serpientes en que se convierte la idea de sobrevivir a todos los plazos que nos imponemos, corremos el riesgo de desvanecernos como una brizna de hierba sobre el asfalto y sucumbir bajo la suela de los zapatos. A veces, conjugar el tiempo futuro conlleva omisiones y autocomplacencias, amparados en la creencia de que el mañana es nuestro como expresara Bertold Brecht. Lo que realmente atesoramos es el pasado y el presente. El futuro es sólo una promesa y que, pese a ello, no debemos omitir o pasar por alto.
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