EFE, Urumqi (China)
Las autoridades de la capital de la región china musulmana de Xinjiang, Urumqi, impusieron ayer de nuevo el toque de queda mientras miles de residentes abandonan la ciudad ante el riesgo de nuevos tumultos como los del domingo, en los que murieron más de cien personas.
Las autoridades de Urumqi decidieron reimplantar el toque de queda, que fue levantado en la medianoche del jueves tras un intenso despliegue militar para obligar a una relativa vuelta a la normalidad, pero la situación es todavía tensa.
Conocedores de esta tensión y todavía en estado de shock por la violencia del domingo, cientos de residentes de Urumqi se dirigieron ayer a las estaciones de tren, autobús y al aeropuerto para abandonar la región, uno de los polvorines étnicos chinos junto con el Tíbet.
El flujo de viajeros es irregular el aeropuerto registraba una afluencia normal en la mañana de ayer, aunque el jueves las estaciones de autobús y de tren, el medio más barato para viajar en China, recibían a cientos de pasajeros.
Parte de los más de 20.000 efectivos militares que controlan Urumqi desde el domingo se encuentran apostados en estos lugares de tránsito y en las principales 200 mezquitas de la ciudad, que hoy permanecieron cerradas a pesar de ser el día de plegaria de los musulmanes.
Las autoridades decidieron aplicar esta medida con el objetivo de evitar congregaciones de uigures musulmanes que pudieran desencadenar de nuevo disturbios y violencia.
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