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AGENCIAS, L'Aquila (Italia)
Los países participantes en la cumbre del G-8 comprometieron ayer un total de 20.000 millones de dólares, 5.000 millones más de lo esperado, a lo largo de los próximos tres años para combatir el hambre en el mundo, centrando la estrategia fundamentalmente en el desarrollo de la agricultura, el fomento del empleo y la consecución de reformas políticas.
En el caso de España, que ya había comprometido 1.000 millones en cinco años, anunció otros 500 millones más destinados a la nutrición infantil.
En una declaración conjunta, los países y organizaciones presentes en la reunión sobre seguridad alimentaria celebrada en el marco de la cumbre del G-8 en la ciudad italiana de L'Aquila, entre ellos España, se mostraron de acuerdo en "actuar con la urgencia necesaria para alcanzar una seguridad alimentaria global sostenible".
"Para este fin, acompañaremos a los países y regiones vulnerables para ayudarles a desarrollar e implementar sus propias estrategias de seguridad alimentaria, y así juntos incrementar los compromisos sostenibles de asistencia financiera y técnica para invertir en estas estrategias", señala el comunicado.
De acuerdo con las cifras de Naciones Unidas, el número de malnutridos ha crecido durante los dos últimos años. De hecho, este año ya ha superado los 1.000 millones y puede que llegue a 1.200 millones, invirtiendo la tendencia de declive de las últimas cuatro décadas.
Los jefes de Estado y de Gobierno y las organizaciones internacionales y regionales reunidos en L'Aquila subrayan su "profunda preocupación por la seguridad alimentaria global, el impacto de la crisis económica y financiera y la subida de los precios el año pasado en los países menos capacitados para responder al aumento del hambre y la pobreza".
Asimismo, los países desarrollados y los estados africanos representados en la cumbre suscribieron un acuerdo para el combate conjunto del crimen y la piratería en Africa, en el que se reafirma el compromiso con la "promoción de la paz y la seguridad" en la lucha contra "el narcotráfico en las costas del Africa Occidental, el lavado de dinero y el terrorismo en todas sus manifestaciones".
En otro contexto, el presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, reiteró ayer su advertencia de que Moscú desplegará una batería de cohetes tácticos Iskander en el enclave ruso de Kaliningrado, entre Polonia y Lituania, si no llega a un acuerdo con Washington sobre el escudo anti-misiles estadounidense.
Por su parte, el presidente de EEUU, Barack Obama, que ha encontrado resultados mixtos en su primera cumbre del G8, apuntó la posibilidad de que el sistema de reuniones internacionales pueda "reducirse" de modo que se celebren menos pero resulten más efectivas.
La prioridad, según subrayó el mandatario estadounidense debe ser que estos encuentros sean "lo más productivos posible".
Por último, el jefe del Ejecutivo español, José Luis Rodríguez Zapatero, apostó ayer por la permanencia de España en el grupo de las potencias que deben liderar la agenda internacional, al margen de que se trate del G-8, el G-14 o el G-20, y dijo que seguirá trabajando para consolidar esa posición.
"Ha llegado la hora de España", manifestó en la rueda de prensa con la que concluyó su primera participación en una cumbre del G-8. En esta línea, otros dirigentes como Nicolas Sarkozy y Silvio Berlusconi también se pronunciaron estos días a favor de fortalecer el G-14.
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