ES UNA PENA que Brito Arceo, concejal del PP en el Ayuntamiento de Santa Cruz y representante de la Corporación en la Sociedad de Desarrollo, se haya abstenido en la votación del nuevo consejero delegado, el señor Guimerá Gil, de quien enseguida me ocupo. Lo ideal, como se ha escrito, hubiese sido una aquiescencia total por parte del edil popular, con lo cual don Ángel hubiera accedido a tan remunerado cargo por aclamación. Aprobación absoluta, sobra decirlo, que no necesita el mencionado, habida cuenta de que lo suyo es arrimar el hombro en tiempos de crisis al módico precio de 73.000 euros anuales.
Hay en la naturaleza movimientos absolutamente predecibles. Por ejemplo, el de los planetas alrededor del Sol; incluso el de los lejanos cometas que se acercan a nuestra estrella cuando les toca, casi siempre cada muchos años pero en una fecha determinada sin incertidumbre alguna. Otros desplazamientos también naturales son, en cambio, completamente erráticos. Verbigracia, el incansable vagar de ciertas partículas microscópicas en un fluido -el polen en el agua, sin ir más lejos- conocido como movimiento browniano. La trayectoria política de Ángel Isidro Guimerá se asemeja a este segundo ejemplo. Un devenir que ha compartido con su compañero de fatigas Guillermo Guigou. Basta hacer un poco de memoria para recordar que ambos estuvieron en el PP -Guimerá cuando el PP se llamaba Alianza Popular- y los dos salieron de dicho partido por su propio pie aunque de mala manera. Tras cierto tiempo en una especie de limbo, reaparecieron en las listas del PNC como independientes; de haberlo hecho como afiliados, Juan Manuel García Ramos habría tenido serios problemas para contener los ánimos de puertas adentro. Aunque eso apenas tuvo importancia; lo esencial es que el propio García Ramos acabó cabreado con ellos, incluso con reclamaciones en los juzgados a cuenta de ciertos dineros percibidos por Guimerá y Guigou que, según criterios del presidente del PNC, le correspondían al partido. El siguiente tumbo browniano de ambos fue un partido creado a su medida como los trajes caros -los trajes caros están de moda-, llamado Ciudadanos de Santa Cruz. El invento estuvo bien mientras les funcionó. Iban a obtener ocho o diez ediles en las elecciones, pero se quedaron en dos. Un pequeño error de cálculo que dejó fuera del consistorio a Odalys Padrón, hasta ese momento otra compañera de fatigas de Guimerá y Guigou. Con Odalys también acabaron mal aunque no tanto como con Ciudadanos: varios afiliados de este partido los quieren expulsar. Esta vez ni siquiera les dan opción a marcharse por su cuenta.
No voy a cuestionar si con este palmarés político es el señor Guimerá la persona más adecuada para dirigir la Sociedad de Desarrollo. Tan sólo me permito subrayar, por si le interesa a alguien, que a partir de ahora tendrá en sus manos asuntos tan importantes como el comercio, el turismo, el empleo y la promoción económica de la ciudad más importante de la principal isla del Archipiélago. Algo aparentemente demasiado serio para ser gestionado desde Los Paragüitas o los restaurantes del Callejón del Combate, pero no me cabe duda de que don Ángel lo hará bien; es más, estoy convencido de que en poco tiempo Santa Cruz será la Jauja de Canarias y todos nadaremos en la mayor de las abundancias.
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