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CARLOS ACOSTA GARCÍA

De profesión, mis ignorancias (298)

11/jul/09 07:36
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FALLECIDA hace muchos, muchísimos años, era doña Herminia persona a la que sugestionaban las frases hechas, los refranes, las palabras de doble sentido... Lo de "No hay nada nuevo bajo el sol" lo repetía un día y otro porque, según ella, una anécdota ocurrida en el mundo actual ha ocurrido ya en cualquier fecha y en cualquier lugar o lugarejo del ancho y largo universo, incluyendo Marte o la Luna. Si me he acordado hoy de doña Herminia es porque acabo de leer su frase favorita en un libro de don Pedro Salinas, titulado "Literatura española del siglo XX".

Conocen ustedes, desgraciadamente, lo de los silbidos que recibió el himno nacional en un partido de fútbol jugado no hace mucho en Valencia. Y conocen también los insultos que le fueron dirigidos a S.M. el Rey en el mismo evento (hermosa palabra). Y, como no hay dos sin tres, también son conocidas por todos las feroces críticas que se han vertido y se siguen vertiendo contra esa institución que se llama Parlamento. (Hago referencia al de la nación y a todos los parlamentos de las comunidades autónomas). Pues bien: aunque doña Herminia goza ahora de la paz que se vive en el Valle de Josafat, no han faltado quienes, en su nombre, han vuelto a repetir que "no hay nada nuevo bajo el sol". Así que vamos a ver lo que son las cosas:

En su obra "El ruedo ibérico" el señor Valle-Inclán, don Ramón María, ponía verdes a personajes de todo tipo, incluidos los pertenecientes a la realeza. De doña Isabel II habló y habló cuanto quiso. Copio para ustedes algunos párrafos: "La Soberana, entre un cura y una monja, abre la pompa de su regazo y, esperando la hora del Rosario, celebra secreta merendola de compota y chocolate con el Padre confesor y la monja (...) Más tarde, dejadas esas espirituales personas, recibirá en su alcoba al Pollo Real, el favorito de turno, que se emplea a su manera en el servicio de la Reina. Queda ya así descendida a la categoría de esperpento moral la más alta dama de las Españas".

Vamos ahora con el Parlamento, que sale también mal parado:

"El conde San Luis dormita en la Presidencia (...) Cuando habla el Jefe del Gobierno, le corean risas y protestas. El presidente, recordado (despertado) por el bullicio, rompe una campanilla y, aquietado el jollín, vuelve a dormitar solemnemente. Un secretario lee y nadie se entera; desvalijan sus pupitres de plumas, de papel y de obleas. Y en la tribuna, el pueblo, el público se aburre".

Me apresuro a aclarar que lo entrecomillado no está así, tan al pie de la letra, en "El ruedo ibérico". Yo lo he tomado del libro de Salinas que dejé citado antes. Pero este poeta sí que lo ha copiado de Valle-Inclán. Viene a ser lo mismo. Debo aclarar también que la palabra despertado es una invención mía, pero la he escrito porque recordar y despertar son voces sinónimas. Y no me ha parecido oportuno escribir el adjetivo despierto, sino el participio pasivo.

Lo importante, de todos modos, es que eso de "no hay nada nuevo bajo el sol" se cumple aquí inexorablemente. Dormirse en el Parlamento viene a ser una cosa así como "el pan nuestro de cada día". Y lo de dejar vacíos los sillones, que la gente llama escaños, también es moneda corriente, aunque en esos momentos se esté discutiendo si el feto es o no un ser humano, o si el vascuence, el catalán y el gallego son lenguas o dialectos.

Por lo que a mí respecta, lamento muy de veras los incidentes de Valencia cuando se disputaba cierto partido de fútbol: las instituciones son las instituciones. Lo de doña Isabel II, ya tan lejano en el tiempo, parece también una ligereza por parte de un escritor, suponiendo que Valle-Inclán escribiera lo que se le atribuye. Pero las cosas son como son. Ayer y hoy.

Aquí, quien tiene la razón, toda la razón, es doña Herminia, que en paz descanse.

Supongo que los lectores habrán observado que en mi anterior artículo y haciendo referencia al Sr. Umbral y a una de sus siempre sabrosas frases, no dejé bien clara mi referencia a las Academias. Por falta de una explicación coherente di lugar, me parece a mí, a que ustedes dudaran de si don Francisco se refería a la de Bellas Artes o la de la Lengua. Pido mil disculpas porque el error fue mío.

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