EFE, Bagdad
Más de cuarenta personas murieron ayer en Irak en varios atentados suicidas, en la jornada más sangrienta desde la retirada de las tropas estadounidenses de los centros urbanos del país, a finales de junio.
El hecho más grave se registró en la población de Telafar, en la casa del jefe local de investigaciones criminales, donde un desconocido accionó un cinturón de explosivos que llevaba escondido.
Poco después, cuando la gente se aglutinaba en el lugar para ver lo qué había ocurrido, un nuevo suicida, armado con otro cinturón explosivos, lo accionó allí mismo, según fuentes policiales.
Las dos explosiones, con pocos minutos de diferencia, causaron 35 muertos y unos 70 heridos. Entre los fallecidos se encontraban el funcionario policial y su esposa.
Ningún grupo se responsabilizó inmediatamente de este doble atentado, aunque en la zona han operado antes grupos vinculados a Al Qaeda. Poco después de que se conociera el doble atentado en Telafar, en Bagdad, en el barrio chií de Sadr City, estallaron dos bombas que mataron a siete personas e hirieron a otras veinte en un mercado popular de ese sector de la capital, cuando el lugar estaba repleto de gente que hacía las compras matinales.
También ayer, el gobernador del Banco Central, Sinan al Shabibi, salió ileso de un intento de asesinato en el centro de esta capital, aunque el atentado causó cinco heridos.
A pesar de los incidentes, el secretario de Estado de Iral para la Seguridad Nacional, Shirwan al Waeli, aseguró que el Ejército iraquí será capaz de garantizar la seguridad tras la retirada total de las tropas de EEUU, prevista para antes de 2012.
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