Criterios
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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Abonos también a plazo

10/jul/09 07:31
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COMENTA con cierto sarcasmo un conocido tertuliano que la crisis ha llegado a muchos lugares pero no a las taquillas de los estadios. Lo dice a cuenta de las colas ante el Heliodoro Rodríguez López para comprar los abonos de la próxima temporada. En realidad, no se vendieron todos. Qué más hubiese deseado Miguel Concepción. Eso sí, mucha gente quería asegurarse un buen lugar en el graderío, e hizo cola desde primeras horas de la mañana hasta bien avanzada la madrugada. Nada más. Suele decirse que de lo prescindible es de lo último que se prescinde durante una crisis. Pan y circo o, modernamente, pan y fútbol. O fútbol sin pan, como les comentaba hace un par de días a cuenta de la presentación de un tal Ronaldo que, según me han dicho, piensa jugar en el Real Madrid de Florentino Pérez; Floro para los amigos y para los que presumen de estar entre sus tiralevitas.

Bueno, ya un poco más en serio, quizá convendría tomarse no tan a broma la crisis del consumo, pues ahí está la raíz del círculo vicioso en el que nos encontramos inmersos. Sobra decir que se consume menos porque hay menos empleo, y hay menos empleo porque se consume menos. Hasta aquí, puro razonamiento de Perogrullo. Lo preocupante es ese otro dato de que tampoco están consumiendo, ni siquiera abonos de fútbol, aquellos que no han visto mermados sus ingresos; aquellos que incluso poseen buenas perspectivas de seguir manteniendo un empleo estable. Si tenemos en cuenta que del 60 al 70 por ciento de la economía española, y por añadidura la de casi todos los países occidentales, depende del consumo, cabe esperar un deterioro progresivo en los próximos meses. ¿Hasta cuándo? Pues hasta el 30 ó 31 por ciento de paro en Canarias, según la CEOE-Tenerife, y hasta el 26 por ciento en toda España, según estudios avalados por varios organismos internacionales dignos de confianza. No parece que la debacle vaya más allá. Lo interesante es saber si la economía española, y en particular la isleña, pueden resistir esos guarismos sin caer en un pozo sin fondo. Es decir, en lo que últimamente se denomina agujero negro económico.

Insisten también algunos gurús de la economía mundial en flexibilizar el mercado laboral español. Extremo que el Gobierno de Zapatero rechaza de plano no sea que se vayan a enfadar los sindicatos a estas alturas. Esa es, desde luego, una de las grandes cadenas que nos atan a la recesión para largo, pero no la única. Con una producción y competitividad exiguas, hemos basado nuestro desarrollo económico en el consumo -fundamentalmente el consumo de ladrillos- financiado con préstamos baratos. Préstamos aceptados por los bancos y por quienes los recibían a sabiendas, por ambas partes, de que unos no podían devolverlos y otros no cobrarlos. Y por si fuera poco, con la circunstancia agravante de que muchas veces tales créditos no se solicitaban -y se concedían alegremente- para adquirir bienes productivos, sino meramente para acceder de forma masiva a ese mencionado consumo. Lo del ladrillo tenía la justificación de que hasta hace poco las casas se revalorizaban mucho y muy rápidamente. Pagar las vacaciones a crédito siempre se me antojó tan peliagudo como comprar a plazos un abono para el Tenerife. Pero en fin: esos son los usos, y los usos son así.

rpeyt@yahoo.es

 

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