Parque Viera y Clavijo
Todavía recuerdo cómo, cuando era un renacuajo, mi madre, padre o algunas de mis hermanas me llevaban a este parque a que le diera patadas a un balón o jugara en sus columpios, deslizándome por alguno de sus toboganes o simplemente corriendo de un lado a otro como lo que era, un niño. Hoy día, cuando ya uno tiene unos cuantos años encima, miro atónito a la par que indignado por lo que era este parque en el pasado y en lo que se ha convertido.
Siempre ha vivido a la sombra de los otros dos grandes parques de esta ciudad, el García Sanabria y el de La Granja. Pero éste se encuentra en pleno centro de la capital tinerfeña. Cuenta con cerca de 6.500 metros cuadrados y fue inaugurado hace ya más de 105 años. Cuenta con una escultura de Miró llamada "Femme bouteille", que en el año 2002 fue declarada Bien de Interés Cultural. Una escultura que, al igual que todo el recinto, descansa olvidada día tras día, ante la pasividad de los responsables de este nuestro ayuntamiento.
Y es que el estado de este mítico e histórico parque es francamente vergonzoso. Las malas hierbas crecen por cualquier recóndito lugar que el cemento les permita, un suelo que se encuentra prácticamente en su totalidad levantado, motivo de unas obras que un día empezaron, pero nadie sabe cuándo finalizarán. Porque ese es otro asunto, los trabajos que comenzaron hace ya unos años motivaron el cierre por completo del parque al público, llevando a cabo unas mejoras que empezaron con mucho entusiasmo: vallado del parque, mediciones y entrada y salida de camiones repletos de escombros a todas horas del día. Esa gran actividad por su remodelación ha ido disminuyendo hasta ser totalmente nula.
Seguro que muchos de ustedes pasan a diario al lado de este parque, ya sea por la avenida de Las Asuncionistas o bien por la de San Sebastián. Seguro que más de una vez se han preguntado cuándo acabarán las obras o más bien cuándo terminarán por empezar. Yo me lo pregunto a diario. Somos muchos los que ahí nos hemos criado, los que hemos corrido por su plazas, los que nos hemos balanceado en sus columpios, somos muchos. Nos merecemos un parque en condiciones porque algún día seremos los que llevemos a nuestros hijos a jugar donde un día, lo hicimos nosotros.
Javier Hernández Castelló
El orgullo gay
El bochornoso espectáculo erótico-festivo del llamado Orgullo Gay (¿orgullo de qué?) sólo tenía lugar, anualmente, en Madrid y en el Sur de Gran Canaria. Ahora parece ser que se ha trasladado, también, a Tenerife con la anuencia de algunos ediles del Ayuntamiento capitalino.
Mientras lo hagan de forma respetuosa, a mí me da igual donde se manifiesten; como si quieren hacerlo en los altos de Chipude. El derecho a manifestarse, efectivamente, está recogido en la Constitución, pero dentro de ciertos límites.
Estos individuos, si quieren ser respetados, lo que tienen que hacer es respetar a los demás, tanto en sus ideas como en sus creencias religiosas. El colmo de la irreverencia ha sido la representación de la Santa Cena, en la que Jesús era emulado por una transexual y los discípulos por una panda de homosexuales y lesbianas. Esto lo hacen aquí porque saben que no pasa nada con este Gobierno progresista y permisivo que tenemos. Seguro que no se atreven a ridiculizar la figura de Mahoma porque saben que ello significaría firmar la pena de muerte.
Ya está bien de tanto folclore y tanto exhibicionismo soez para reivindicar una desviada condición sexual, en el que, por otro lado, ciertos personajes de la farándula participan y les apoyan. Cada cual es como es y no hace falta pregonarlo a los cuatro vientos.
Pablo Curbelo Viñoly
(Santa Cruz de Tenerife)
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