EFE, L'Aquila
El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, afirmó ayer, como anfitrión del G-8, que "lo peor de la crisis económica queda a nuestras espaldas" y que los líderes de los países más desarrollados y Rusia quieren mandar en este sentido un mensaje de confianza.
Berlusconi explicó que en las economías de las potencias mundiales se están registrando "signos de mejora". Al respecto, el primer ministro italiano, como presidente de turno del G-8 puntualizó: "Hemos analizado la situación de cada país y hemos constatado que en todos lados hay señales de mejora: hemos decidido que es importante mantener el apoyo al sistema bancario, al sistema manufacturero y a quien ha perdido su puesto de trabajo".
Además avanzó que se está barajando la posibilidad de celebrar otra cumbre antes de finales del año y que ésta podría volver a celebrarse en L'Aquila. "El trabajo de esta cumbre se ha desarrollado en un clima de gran cordialidad", comentó Berlusconi, quien explicó que este tipo de reuniones propicia que "nazcan y se consoliden" amistades entre los líderes de uno y otro país.
Por último, ante la reunión que mantendrán hoy con los líderes de las potencias emergentes (G-5), Brasil, México, Suráfrica, China e India, sobre cambio climático, el mandatario italiano argumentó que el G-8 debe mostrarse "unido" para lograr compromisos por parte de estos países.
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