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COMENTARIO DE EL DÍA

Vender realidades, no promesas

9/jul/09 07:47
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EL TÍTULO que encabeza este comentario nos lo proporciona una noticia que publicamos ayer en primera página. La ministra de Vivienda, Beatriz Corredor, ha venido a Tenerife a prometer 1.700 nuevas casas para Santa Cruz. Una vez más, como ya hizo su jefe el mofletudo días atrás, la señora Corredor se limita a vender promesas. O pisos sobre planos, que para el caso es lo mismo. Nos viene a la memoria en estos momentos ese constructor, además de gran deportista, que fue Bernabé Hernández González. Honesto empresario y excelente persona, que siempre destacaba en su publicidad que vendía realidades y no promesas. Vendía las viviendas cuando ya estaban hechas, no cuando todavía estaban por hacer.

Las promesas de Beatriz Corredor, como las de Rodríguez Zapatero durante su cumbre con Paulino Rivero, no son sino estrategias para consolidar a los socialistas en Canarias y, de paso, perpetuar la vergonzosa situación colonial del Archipiélago. El Gobierno de la Metrópoli sigue enviando ministros para que repartan limosnas entre nosotros y luego digamos qué buenos son. La situación de Canarias se asemeja a la de un campesino que en plena era de la mecanización agraria tiene que cavar la tierra con sus propias manos. Un día, los señores del Gobierno le regalan un asno para que lo ayude en sus tareas. Los demás agricultores aran con modernos tractores, mientras él sólo tiene un burrito. Pero agradecido, claro. Canarias, los canarios, poseemos recursos suficientes para labrar nuestros campos con la más avanzada maquinaria y construir viviendas de lujo sin necesidad de que nos las hagan los peninsulares. Sin embargo, seguimos dependiendo de Madrid porque la hacienda española saquea nuestros recursos.

Unos recursos que no debemos despilfarrar porque no están los tiempos para insensatas alegrías. Por ejemplo, la que pretenden los canariones con su ferrocarril. Son tan mundiales del mundo mundial, que ni siquiera hablan de tren; hablan de ferrocarriles y de líneas férreas. ¿Pensarán que en la tercera isla cabe el Transiberiano o el Oriente Express? Qué ridículo. Qué vergüenza ajena nos hacen sentir. Un proyecto impulsado por un político majadero e inútil para Canarias, pero útil para Canaria, cual es Román Rodríguez y el presidente de su Cabildo insular. Ahora aseguran que el ministro de Fomento, Pepiño Blanco -o, mejor dicho, don José Blanco, pues con ese señor no queremos ninguna confianza- les va a pagar ese trencito que ellos llaman ferrocarril. Pero hombres de Dios, ¿no se dan cuenta de que fuera de la capital no hay gente ni para llenar un vagón? Además, con lo reducida que es la isla tercera, ese tren llegará en un abrir y cerrar de ojos de Las Palmas a Meloneras, sin tiempo para acelerar.

Pretender la construcción de un tren en Canaria es como querer construir un río en una isla de secarrales; una tarea inútil. Podríamos decir que allá los canariones con sus locuras, con sus ínfulas de grandeza producto de un manifiesto complejo de inferioridad. Sin embargo, no podemos callar ante un despilfarro de dinero en una época de crisis, cuando muchas familias pasan hambre física. Ese disparatado tren se va a construir con dinero de todas las islas y, por lo tanto, en detrimento de otras obras públicas imprescindibles. Aunque nos reconocemos legos en leyes, nos preguntamos si no caerá algún día la Justicia sobre los promotores del tren canarión por los presuntos delitos de prevaricación y malversación de caudales públicos.

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