Gastronomía
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Eduardo Angulo sostiene en su libro que la cocina hizo al hombre

7/jul/09 07:49
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EFE, Madrid

La cocina hizo al hombre. Es lo que mantiene el biólogo Eduardo Angulo en "El animal que cocina", ameno inventario de qué comían nuestros ancestros desde su origen hasta la época del rey Midas y que imagina además, con humor, cómo lo comían.

"Crujiente de termitas sobre cama de ajos aplastados"; "sorbete de huesos con tuétano en bolsa de cuero", "Milhojas de cereal fermentado y tostado (o sea, pan)"; "carne asada en un hoyo" o "ardilla a la piedra al aroma de cebollitas" son recetas de nuestros antepasados que Angulo recoge en su libro.

Subtitulado "Gastronomía para homínidos", el libro (451 Editores) contiene 42 recetas divididas en Entrantes, Pescados, Carnes, Postres y Complementos; imaginadas todas a partir de restos encontrados por los arqueólogos y paleontólogos en yacimientos.

Todas esas delicias de la gastronomía prehistórica se apoyan además en la hipótesis de Angulo de que "aquello que les gustaba comer a los homínidos es la base de nuestros gustos" actuales, lo cual el biólogo bilbaíno reconoce que es "mucho suponer", ya que eso es como decir que no han cambiado en miles de años de evolución.

La premisa de Angulo es que al principio, cuando el simio se "cayó" del árbol, no cambió de dieta, sino que continuó con lo que ya conocía: frutas, hojas, tallos tiernos y otras hierbas del campo, que completó más tarde cuando aprendió a cavar con un palo raíces y tubérculos, "almacenes de calorías". No despreciaba insectos, caracoles, babosas, anfibios, reptiles y hasta pequeños mamíferos como ratones y musarañas; tampoco hacía ascos a la carroña, con su carne seca o medio putrefacta y sus huesos con rico tuétano. "Lo probaban todo; se comían lo que pillaban", explica Angulo, convencido de que incluso practicaban la geofagia -comer tierra-.

El gran salto en la evolución del hombre se dio cuando empezó a comer carne, proteínas, que necesitan menos energía del organismo para su asimilación, por lo que esa energía liberada sirvió para desarrollar el cerebro. Desde ese punto de vista, según Angulo, las dietas puramente vegetarianas no son saludables, al menos para la masa gris.

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