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EDITORIAL

Independencia o cadenas

7/jul/09 07:48
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SE NOS PONEN los pelos de punta cuando oímos hablar del Estatuto de Canarias y de su reforma, pero se nos abren las carnes de espanto cuando leemos que esa reforma consistirá en algo muy similar al último proyecto que pasó por esa cueva de inmundicia política que es el Parlamento autonómico. Y que nadie quiera entendernos mal: el Parlamento, como tal, es una institución digna que nosotros respetamos mucho. No así a sus miembros, pues salvando a dos o tres los consideramos indignos del cargo que ocupan. ¿Son merecedores de respeto aquellos capaces de subirse los sueldos mientras el pueblo pasa hambre? ¿Pueden aspirar a ser tenidos como personas políticamente honorables quienes han cometido la mayor infamia en la historia de estas Islas? ¿Son merecedores de algún elogio quienes sólo se han puesto de acuerdo para esquilmar al pueblo y para reprobar al periódico que ha tenido el valor de cantarles las verdades en su cara? Rotundamente, no.

¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI los canarios sigan engañados, como lo han estado durante los últimos 600 años, para que los peninsulares los mantengan encadenados como esclavos y continúen aprovechándose de ellos? Porque eso es lo que es el Estatuto de Canarias y otras leyes similares: una cadena que nos ata a personas ajenas a nosotros mismos; a los peninsulares; peor aún, a los godos. Incluidos los cuatro godos de la prensa de Canarias, a los que se ha unido ahora un quinto tan enemigo de la libertad de esta tierra como los anteriores. Lo repetimos: Canarias no es un país libre sino una nación colonizada por otra nación que la sojuzga desde hace siglos. Y la poca libertad que tenemos, nos la quita ese Estatuto que perpetúa nuestra condición de pueblo uncido al odioso yugo español bajo el disfraz de comunidad autónoma.

El único Estatuto que podemos admitir -eso también lo hemos repetido en innumerables ocasiones- es uno de transición hasta que alcancemos nuestra independencia. La reforma el actual sólo sirve para que unos niñatos jueguen y se diviertan a costa del sudor del pueblo. De un pueblo, no lo olvidemos, que pasa hambre. Niñatos y políticos profesionales a los que no les importan las lágrimas de tantas y tantas familias que ya no tienen qué comer. Hombres y mujeres, niñas y niños a los que han estado engañando para llenarse los bolsillos políticos. ¿Es que no les da miedo una intempestiva reacción popular? ¿No temen que la gente se eche a la calle, de forma pacífica pero contundente, para reprocharles su ignominiosa conducta?

Nos asombra que Miguel Cabrera Pérez Camacho, diputado regional por el PP, diga que el Estatuto que discutirá el Parlamento de Canarias cuando se reinicie el período de sesiones será una "actualización" del último texto -el que ya aprobaron sus "señorías" pero que luego el propio Gobierno autonómico retiró del Congreso de los Diputados-, con muy pocas modificaciones. Eso significa que se mantendrán los descarados agravios a Tenerife: la existencia del "gran" en el nombre de la tercera isla, el inusual orden alfabético que posterga a Tenerife al último lugar en la enumeración y la igualación de todas las Islas en el escudo de la comunidad autónoma, de forma que la mayor de todas pierda la preponderación que siempre ha tenido porque siempre le ha correspondido.

Sabemos que estos atrevidos seguirán adelante ofendiendo a Tenerife. Dejarán intactas las tres vergüenzas señaladas porque los diputados del PSOE y del PP les guardan una fidelidad canina a los perros de la ira canariones, ya que es en Las Palmas donde tienen la sede regional sus partidos. Y en cuanto al paraestatal partido CC, sus dirigentes todavía no se han dado cuenta de que han sido barridos de los secarrales por el insecticida canarión. Allí ya no son nada. De nada les han servido las dádivas en obras públicas, en hospitales y en tantas otras cosas, porque quien da pan a perro ajeno, pierde pan y pierde perro. En definitiva, los socialistas y los populares están privados porque el nuevo Estatuto preservará la engañifa del "gran", mientras los nacionalistas siguen callados porque no desean ofender a quienes les han dicho claramente que no los quieren.

Cuánta desazón nos causa el resurgimiento de los chupópteros que dejan sin sangre al pueblo, sobre todo en tiempos de crisis y hambruna. El Parlamento de Canarias se ha convertido en un nido de víboras canarionas; de víboras de partidos canariones y de infectos ratones nacionalistas, que propagan la peste de la sumisión a la tercera isla sin hacer nada por liberar de la esclavitud española al pueblo que afirman defender.

Qué gracia nos hace cuando se habla de aumentar el techo competencial en el nuevo Estatuto. ¿Más competencias? Desde luego que sí; pero todas, no unas pocas. Durante muchos años hemos tenido que conformarnos con las migajas que nos han estado echando los peninsulares. Porque en Madrid nos dejan practicar la política pura, como hacen con doña Anita, pero no nos toman en serio porque no somos españoles. Lo que se deben estar riendo los políticos españoles mientras nos ven jugar a la reforma del Estatuto. Seguro que nos miran con los mismos ojos con los que se observa a niños de corta edad jugar en el kindergarten. Se ríen de todos nosotros, como se ríen de doña Anita, de don José Luis y de don el otro.

Añade el diputado Miguel Cabrera que la reforma del Estatuto de Canarias no le quita el sueño al PP. Ni tampoco al PSOE, añadimos nosotros, porque ambos partidos estatales están interesados en prolongar sine die nuestra situación colonial y la hegemonía de Las Palmas sobre las demás islas. Lo cual también ocurrirá con un Estatuto reformado, pues ya se cuidarán mucho los diputados de ambos partidos de no poner en peligro ni una cosa ni la otra. Es decir, de no comprometer la situación colonial de Canarias, ni de estorbar las apetencias canarionas.

Lo decíamos en nuestro editorial del domingo y lo repetimos hoy: si no despiertas a tiempo, canario, muy pronto tendrás un nuevo Estatuto, aunque bastante diferente al que te imaginas. Será un Estatuto pactado entre los gobiernos de Madrid y Rabat, en el cual Canarias pasará a ser una provincia marroquí. ¿No nos crees? Mira los mapas del Gran Magreb. Comprueba si es verdad o no que nuestras Islas están pintadas con el mismo color que Marruecos. Canarias está incluida hasta en los planos de carreteras del vecino africano. Sólo nuestra independencia permitirá que nos constituyamos como un país soberano; que seamos un Estado con bandera y asiento en las organizaciones internacionales y, por lo tanto, a salvo de las apetencias marroquíes. La elección es nuestra: independencia o cadenas.

 

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