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TAL CUAL PABLO PAZ

Y se nos apareció Zapatero

7/jul/09 07:48
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ZAPATERO, el de las mercedes, como lo llama el maestro Anson, vino, vio y convenció a los incautos de siempre. Repartió generosamente un dinero que ni es suyo, ni se le espera; prometió lo que siempre incumple y se fue como vino: con más pena que gloria. Precisamente, uno de sus incondicionales, un amigo de un amigo mío que se llama Job, como el santo de la paciencia, se encontraba entusiasmado por su presencia entre nosotros.

Y convencido de que iba a trincar algo de lo que el líder del club de las cejas iba pregonando, se dirigió, raudo y veloz, a la Cámara de Comercio, donde muy amablemente le enviaron a la Subdelegación del Gobierno, los cuales le remitieron al Gobierno canario, donde, con mucha menos amabilidad -hacía el 23.187 que preguntaba lo mismo-, lo mandaron, con todas las palabras, a paseo; quiero decir al paseo del desamparo, esquina con la calle de la desesperanza, que era donde habían ubicado una minioficina con una miniplantilla -uno como haciendo que atendía y otro sempiternamente desayunando, ausente- para atemperar en lo posible la oleada de entusiastas que decían haber visto cercana la salvación de sus economías.

Nada más llegar al local, y al contemplar que sólo había cuatro personas delante, cogió un número, el 13, y, cuando hizo ademán de sentarse, saltó en el marcador electrónico -el cual había costado más que el resto del mobiliario de la oficina- su número. Se dirigió a la amable señora que había en el mostrador y, con una sonrisa en los labios, le dio los buenos días de rigor.

Lo siento pero este no es su número, le indicó la susodicha. ¿Pero no han llamado al 13? Sí, en efecto, pero el de color amarillo de la primera vuelta del día 4 que, casualmente, es hoy. Usted, caballero, tiene el 13 verde de la vuelta veintidós, del día 16 del mes que viene. ¿Lo ha entendido o se lo vuelvo a explicar? Job, haciendo gala de su nombre, y con cara de pollaboba, se fue a su casa a esperar que le llegara su turno. Mientras tanto, su mujer dio a luz, él se operó de apendicitis y le creció el pelo como una cuarta por encima de los hombros.

Al cabo de un larguísimo tiempo, le tocó su turno. Buenos días, señora. Señorita, si no le importa. Lo siento de veras, dijo Job a modo de disculpa. ¿Y por qué lo va a sentir usted?, ¿acaso me conoce? No, claro está que no?; pues que venía a eso del dinero de Zapatero. ¿Cómo dice usted? Que hará ya algunos meses, cuando vino el presidente nos prometió a los canarios no sé cuántos cientos de millones de euros. ¿Y qué piensa, llevárse todos los millones usted solo? No, señora, perdón, señorita. Venía a pedir lo que realmente necesito. ¿Y de cuánto estamos hablando? Pues yo diría que de unos cien mil euros aproximadamente. ¿Cómo que aproximadamente? O son cien mil o no lo son. Pues que sean. Bien, y dígame ¿Para qué los quiere usted? Pues verá, seño?, quiero decir que, en realidad, son para pagar las deudas que tengo contraídas con los proveedores. ¡Pues mal empezamos¡ Haré como que no le he oído. Repito: ¿para qué los necesita? Remachó, ignorando a su interlocutor mientras echaba un vistazo, embobada, al monitor del ordenador, donde aparecía Cristiano Ronaldo sin camiseta como fondo de pantalla. ¿Podría ser para sacar adelante a la empresa? y para crear puestos de trabajo? Se aventuró a señalar Job con cara de constreñido. Eso está mejor. ¿Cuántos empleados tiene usted actualmente? Pues yo, yo mismo y, bueno, pues y yo. ¿Y esos cuántos son?, porque ya me he perdido. Creo que uno. ¿Y cuántos puestos de trabajo se supone que va a crear? Pues había pensado en mi cuñado que? Nada de familiares, que luego pasa lo que pasa. Bueno en realidad todavía no es mi cuñado porque? Vale, no me vaya a contar usted ahora su vida. ¿Y cuál es exactamente la actividad a la que se dedica su empresa?; suponiendo que lo que tenga usted sea realmente una empresa. Pues, en realidad, yo soy pintor. ¿Pintor como Dalí? No, en realidad soy pintor como Goyo. Querrá decir usted Goya. Pues ese Goya no sé quién es, pero el Goyo es un vecino mío que me enseñó a pintar fachadas y paredes desde pequeño y a eso me dedico.

La interlocutora tecleaba cuanto Job le iba diciendo, rellenando una especie de formulario que, pasados unos minutos, sacó por la impresora y se lo dio para firmar. ¿Y con esto ya tengo el dinero?, dijo Job con una expresión de medio mosca. Con este impreso va usted ahora a la oficina bancaria que tenga firmado un convenio con el ICO y se lo presenta. ¿Perdone? Creo que me he perdido. ¿Cómo se va a perder si sigue sentado ante mí? Quiero decir que no sé para qué quiere usted que vaya al banco si ellos me han mandado directamente a freír espárragos, porque con mis antecedentes bancarios y mi currículum laboral no me prestan ni para echar gasolina. Pues ese es su problema; yo le digo lo que está reglamentado. Pero, ¿entonces lo de Zapatero? ¿Qué le pasa al señor Zapatero? Pues que nos prometió 162 millones de euros para afrontar la crisis, y yo, además de ser canario, remo también en la misma dirección -según palabras de nuestro presidente Paulino Rivero-,y, además, estoy en crisis. Ya, el problema, amigo Job, es que la dirección en la que remamos nos puede conducir a todos al abismo. Lo siento por usted. ¡El siguiente!

macost33@hotmail.com

 

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