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TROMPULGA Y CHICHAPIÉ JOSÉ A. INFANTE BURGOS

Claudia

7/jul/09 07:48
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EN UN CARRUSEL de acontecimientos que han sucedido en mi caminar de los últimos tiempos, resulta que ya soy abuelo. Señor, señor? Abuelito, como el de Heidi, pero sin la barba de Papá Noel.

¡Qué grandeza más enorme es esto que llamamos vida!, ¿enh? Es increíble. A veces nos abatimos y desesperamos con las injusticias y traiciones que nos depara la tómbola del destino. Sufrimos por el complicado pulso con las carambolas que nos rodean. Para casi todos porque nadie elige su entorno, el día a día puede convertirse en un duro ejercicio de voluntad, fuerza, desafío, reto... fajados en defender lo que identificamos como territorio personal.

Algunos han conseguido tomar sus cuatro segundos de existencia y otros quieren cambiarlos, pero nadie puede abstraerse de la responsabilidad con la vida porque, aunque las amarguras y golpes puedan hacer mella, las razones para batallar son tan consistentes como el alma que llevamos dentro. El amor es la sustancia constitutiva, siendo triste que por intereses y ambiciones malentendidas renunciemos a la frecuencia total que nos merecemos: "Pueden amar los pobres, los locos y hasta los falsos, pero no los hombres ocupados" (John Donne).

Nació esa cosita, Dios la guarde, de apariencia frágil, muecas y lengüetazos al vacío, colores de nueva, manitas de agarre a no sé qué columpio, llantos alarmantes, ojos soñadores y rasgos muy concretos, aunque todavía indeterminados con la constancia de que a más de uno le gustaría su réplica. Pero, por mucho que se me caiga la baba, la niña se parecerá a ella misma y desde luego que, como es preciosa, a mí no. Sangre de mi sangre, de vez en cuando se sobresalta ella solita en su cunita y el padre comenta que es que Nino acaba de marcar un gol.

Antes de nacer su madre sucedieron unos cuantos casos de rapto y cambiazos de bebés que dieron en la televisión e impactaron mis retinas. No sacaban tampoco demasiado a las criaturas con sus padres, ahora se las dan y que empiecen a arreglarse con las cacas y las tetas. Lo tuve claro, la vigilaría sin descanso y allí, detrás de aquel ventanal o mampara del nido ya empañada abundantemente de vaho, monté una especie de cámara de vigilancia que no necesitaba ni comer y en la que cualquier médico o enfermero que tocaba a mi hija recibía inmediatamente la fulminación ocular de un padre receloso. Cuidadito, tú, que te tengo fichado. En el antiguo Centro Médico tomé posesión de mi niña detrás del cristal y poco a poco fue creciendo, como se dice. Ahora es la madre, y yo, el feliz abuelo.

La profesionalidad, controles y medios que existen en la sanidad son infinitamente mayores y mejores. En Canarias, algo haremos bien, tenemos una sanidad pública y privada en los más destacados parámetros del mundo occidental. Ahora bien, no se engañen, un parto siempre es un parto. Contiene momentos difíciles. Puede que hasta de angustia o desasosiego. Con múltiples razones para el miedo, las jóvenes primerizas, o no primerizas, encaran la cuestión con una valentía y normalidad que para sí mismos hubieran querido los guerreros más significados de la historia de la Humanidad. Ni el Ulises de la película mantiene la fuerza, disposición, entrega y valentía de una madre ilusionada. Verdaderas espartanas que asumen el designio divino con entereza heroica. Cuentan que a un varón, equivocadamente, le administraron el tratamiento completo de dilatación. Los gritos y alaridos ponían los pelos de punta.

Hay profesionales llenos de conocimiento y humanidad. La mayoría. Otros, que sólo tienen conocimientos, como el doctor House, o que sólo tienen humanidad. Sin humanidad ni conocimientos puede también que haya algún sorullo. Un respetito.

En la Residencia, en el Hospital y en todos los centros de las Islas se hacen amigas y se viven situaciones parecidas con afinidad e identificación absoluta. La chica que se acuesta en la cama de al lado se convierte en la mejor amiga, aunque sea por un pequeño periodo de tiempo. Futuras madres ingresadas en la expectativa de un parto natural, rápido, fácil? y que por muchas cuestiones médicas no dilatan o no empatan velozmente la cadena del nacimiento. ¡Ánimo!

Propongo el "Día del Orgullo Abuelo". Reclamo subirme a la carroza, desnudo de medio cuerpo pa´rriba, con correas de cuero y bodys ajustados, enarbolando la bandera con arrugas de la profunda alegría por salir del armario.

infburg@yahoo.es

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