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MARTES, 7 DE JULIO DE 2009
DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Tenerife no sienta bien en Las Palmas

NO HA SENTADO bien. El Cabildo de Tenerife ha querido promocionar su Isla en Las Palmas al igual que lo hace habitualmente en el resto de España y en el extranjero. Ninguna autoridad de la isla hermana se ha opuesto a la idea. Tanto desde el Ayuntamiento de la capitá como desde el Cabildo amarillo han tenido la exquisita delicadeza de no criticarla. El malestar ha surgido entre los vecinos normales, a quienes les ha sabido a cuerno quemado ver una publicidad de Tenerife en esa "joya de la corona" de la naturaleza canaria que es la Playa de las Canteras.

Prefiero no entrar ahora en el pleito insular. No porque carezca de postura al respecto -que la tengo, y muy definida-, sino porque siempre he tenido amigos y compañeros en la isla redonda, entre los que me he sentido a gusto. Incluso algunos de los episodios más importantes de mi vida se han desarrollado en Las Palmas, y no en Santa Cruz, pese a que estoy enamorado de la capital tinerfeña. Todo esto, evidentemente, es circunstancial y personal.

Gracias a un acuerdo con el Ayuntamiento de Las Palmas -la prensa de Las Palmas siempre se refiere a esta Corporación como el Ayuntamiento capitalino-, todos los fines de semana de julio la avenida de la Playa de las Canteras acogerá un puesto en el que se repartirán folletos con información de diferentes puntos de interés turístico de Tenerife, así como algunas baratijas de regalo. Los responsables del Cabildo y del Ayuntamiento de Las Palmas, insisto, dicen que no hay nada anormal en una promoción que de una forma u otra se realiza desde hace varios años, si bien nunca de manera tan directa con el público. Ha sido este contacto personal lo que, al parecer, ha soliviantado a varios vecinos.

Hace unos días tuve que escribir este artículo desde un hotel junto a la Playa de las Canteras. Era media tarde y una parranda familiar cantaba aires canarios y españoles en general. La letra de una de las canciones -de sobra conocida- hacía un recorrido por las siete islas, a la vez que las iba elogiando una a una. Disfrutaba tanto de aquella música, a veces un tanto improvisada pero encantadora en una tarde intensamente soleada, que me costaba centrarme en el texto que redactaba; un texto, desgraciadamente, ajeno por completo al entorno. Esa conocida letra que elogia a las islas una por una trata de unificar al Archipiélago, eso es indudable, pero sin conseguirlo, pues sus intenciones son tan esporádicas y efímeras como los ritmos de la parranda. Cuando alguien se siente canario, en realidad se siente palmero, herreño, gomero, tinerfeño, grancanario, majorero o conejero. El que no lo vea así está bastante ciego. Por citar a los principales pleitistas, ni los chicharreros son mejores que los canariones, ni al revés. En el fondo, unos y otros viven recelosos del colindante y midiendo las posibilidades de su propia subsistencia, porque saben que Las Palmas sólo puede crecer a costa de Tenerife y viceversa. Por eso a un vecino de la capital amarilla le sienta tan mal que le muestren una foto de La Orotava en la Playa de las Canteras, como le sentaría mal a un tinerfeño que le mostrasen las dunas de Maspalomas en la Plaza de España de Santa Cruz. Quizá algún día alguien pueda cambiar esto. De momento, nadie lo ha logrado.

rpeyt@yahoo.es

 

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