Antonio burgos, con su gracejo andaluz, pero no exento de una mala uva que lo corroe por dentro, pide en su espacio del domingo, 21 de junio, en ABC, un ERE para el Gobierno, y se adhiere a mi petición de reducción de un 30% de los sueldos de todos los políticos del país. Añade que para ahorrar también se debería suprimir el Ministerio de Sanidad, puesto que está prácticamente transferido; y por supuesto eliminar dos de las tres vicepresidencias. Días antes, en el Congreso de los Diputados, y con un alarde de sinceridad irreconocible en IRC (Izquierda Republicana de Cataluña), este partido solicitó la eliminación de tres ministerios: Cultura, Vivienda e Igualdad. De algún modo comienza a notarse que el pueblo español no está por la labor de seguir aguantando tanta desigualdad en los graves momentos de crisis que nos azota
Mi particular cruzada no va contra nadie en particular, ni es mi deseo perjudicar los intereses de ningún político, sino simplemente que uno se está dando cuenta de que las entradas no van a poder soportar las cargas, y que en cualquier momento, si no se ataja ya el problema, España estará en quiebra.
No haber aplicado adecuadamente los Expedientes de Regulación de Empleo en su momento nos ha llevado a la cifra de más de cuatro millones de parados (pronto veremos que la realidad supera esas cantidades), y es una vergüenza que el presidente del Gobierno siga insistiendo en su loca teoría de no perjudicar ni reducir lo que él llama beneficios sociales, cuando la triste realidad es que las clases menos favorecidas lo están pasando francamente mal. En nuestra tierra ya hay muchas personas que han pasado de pagar religiosamente hipoteca, coche, cubrir sus necesidades y tirar magníficamente, incluso disponiendo de algo de dinero para gastos superfluos, a estar a punto de perder la casa, tener el coche aparcado por reducir el gasto de gasolina, reciclar la ropa y alimentarse en comedores sociales, que por desgracia aumentan cada día.
No entiendo (en realidad sí) cómo los gobernantes no se dan cuenta de la situación crítica, y no toman medidas urgentes, como eliminar parte de sus sustanciosos sueldos que si siguen así tampoco podrán cobrar. En la isla ya hay ayuntamientos pidiendo créditos para afrontar los sueldos de los funcionarios, e incluso algunos que ya no pueden atender las nóminas.
El gobernador del Banco de España y el presidente del Banco Central Europeo le repiten al Gobierno que su política es equivocada y que cada día se agrava, pero la arrogancia y escasa visión de Zapatero, que persiste en su absurdo ideario, deja asomar ya la bancarrota encima de la mesa.
Desde ópticas distintas coincidimos en la urgencia de eliminar gastos, bien por la supresión de ministerios o la reducción de salarios, y me repetiré hasta la saciedad denunciando que no son necesarias para vivir esas cifras que actualmente se cobran. En época de bonanza, me parecía lógico y normal que un presidente de una entidad cobrara unos setenta mil euros anuales, pero actualmente, cuando tantas personas no tienen ni para los gastos más perentorios, ese salario me parece un abuso, y espero y deseo que los haga meditar.
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