Palpitan las Canarias porque se aproximan tiempos nuevos, tiempos provocados por la incompetencia y el entreguismo de la política y de los políticos que ejercen su oficio en las islas y en la metrópoli. Palpitan los corazones de los isleños, ciertamente turbados por la mala gestión, la corrupción, la demagogia y la intolerancia.
Y cuando un hombre sensato, tinerfeño de pro, como el diputado del común, dice las cosas que dice, todo el mundo se le echa encima, crucificándolo. Estamos de acuerdo con tantos razonamientos y opiniones de Manuel Alcaide; con otros, naturalmente, no. Pero es un hombre bien formado intelectual y jurídicamente, que quiere a su tierra, que es un señor y que ha trabajado con denuedo en ese cargo, diciendo lo que a algunos no les gusta oír porque les parece políticamente incorrecto. Queremos hombres valientes, no cobardes que no son capaces de decir lo que piensan. Manuel Alcaide es un ejemplo de honestidad y de valentía. Muchos como él hacen falta en las islas.
Palpitan las islas porque no se puede gobernar así a 2.000 kilómetros de distancia, sin enterarse de lo que pasa aquí sino de oídas. Si España pierde Canarias -y esto será un hecho más pronto que tarde- es por todo un tratado de incomprensión que la metrópoli ha firmado consigo misma para perjudicarnos. Piensen, si no, en la hambruna que azota las islas. Es espeluznante ver en las colas de los comedores de caridad ya no sólo a personas de extracción humilde, cuyos ingresos son exiguos y cuya formación es baja; es que a esa cola se incorporan ahora personas hasta hace poco con medios y con una formación intelectual más que aceptable, que se han quedado en el paro. ¿Pero a dónde nos conduce este Gobierno socialista? ¿Al caos?
Se llenan la boca diciendo que hay brotes verdes, que el supervisor del Banco de España ve luz en el horizonte, que el empleo se recuperó en junio. Todos esos datos no son ciertos y ellos lo saben. Pero han adoptado el oficio de mentir. De mentir rotunda y alevosamente. Lo arreglan subsidiando a medio país a costa de los que trabajan, subiendo los impuestos, retrasando la edad de las jubilaciones, premiando con dinero a los emigrantes que se van. Pero, ¿por qué los dejaron entrar? ¿Por qué no cortaron a tiempo esta invasión que nos ha llevado al caos en el empleo? ¿Es que nadie pudo prever la crisis?
Es curioso: aquí el diputado del común dice cuatro verdades y todos se le echan encima. Hay muchos que se escandalizan de nada, que tienen siempre la escopeta cargada para disparar cuando alguien sensato intenta desmontar las ruedas de molino con las que nos quieren hacer comulgar. Y no es eso.
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