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Si San Juan rugiera otra vez

Sesenta años después de la erupción de San Juan, la Isla ha olvidado las consecuencias de un volcán de tal magnitud. Las zonas afectadas por la lava están pobladas de casas y cultivos.
5/jul/09 01:39
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MAIKEL CHACÓN, Los Llanos

En estos días de calor, las personas más longevas de La Palma recuerdan cómo hace 60 años, el 24 de junio de 1949, se abrió la tierra en Cumbre Vieja para dar lugar a un evento eruptivo de 47 días de duración con tres bocas o cráteres que posteriormente se denominó erupción del San Juan (se inició el día de la onomástica del santo). Ese fenómeno natural, al igual que el del posterior del Teneguía (1971), forma parte de la historia de la Isla como uno de los acontecimientos que mayor alarma generó para su población, pese a que sólo se registró un desaparecido (según la prensa de la época). Su magnitud supuso, en aquellos tiempos, todo un reto para los habitantes de las zonas afectadas, en las dos vertientes de La Palma.

Pero, ¿qué posibilidades existen hoy de que se repita un episodio eruptivo, de características similares, como el de San Juan en 1949? Y si sucediera, tal y como ocurrió entonces, ¿qué riesgos reales soportaría la Isla y su población? EL DÍA, con la colaboración del Instituto Tecnológico y de Energías Renovables de Tenerife (ITER), ha querido realizar pequeño análisis, aprovechando la celebración de las seis décadas de la erupción, sobre esa realidad. Y los resultados evidencian que el alcance temporal de la memoria humana obvia los peligros que la propia historia va marcando.

La gestión de una crisis volcánica hoy sería muy diferente. Probablemente no habría sorpresas, por lo que posiblemente las víctimas serían mínimas (siempre en función de las acciones realizadas por las personas afectadas). Como recogió el catedrático de Botánica Pedro Luis Pérez de Paz en un trabajo realizado para este periódico con motivo del 50 aniversario del San Juan, la erupción fue "educada y bondadosa, porque advirtió su presencia y descendió desde la cumbre, evitando grandes poblaciones y cultivos de entidad". Pero el panorama que se observa en las dos laderas recorridas por la lava hoy es bien diferente.

Viviendas y cultivos.- Cuando se observa el tratamiento urbanístico y agrícola que se ha hecho en el Valle de Aridane y en la zona Este de la Isla, densamente pobladas y cultivadas, es fácil entender que las consecuencias de aparecer un volcán serio en la actualidad serían más dañinas. El poder destructivo de la colada lávica descendiendo por ambas laderas y arrasando con todo lo que encontrara a su paso, se plasma como cicatrices en la parte meridional y el Sur de la Isla.

En el caso del San Juan, con una duración de 47 días, la presencia de tres bocas diferenciadas y muy separadas entre sí: Nambroque (con cenizas y bombas), Duraznero y Llano del Banco, de donde partieron las coladas de lava hacia las dos partes de la Isla, generaría una especial complicación en la gestión de la erupción. Las coladas de las bocas eruptivas del Duraznero y Llano del Banco alcanzaron la costa Este, la primera, y Oeste, la segunda. Si estos flujos de lava, con roca fundida a temperaturas extremas, ocurrieran hoy en día afectarían a diversos núcleos poblacionales, áreas de cultivo y carreteras en ambas vertientes.

En su recorrido se encontraría con poblaciones como Las Manchas (El Paso/Los Llanos), Todoque (Los Llanos), La Bombilla (Tazacorte) y las zonas de Malpaises, Lomo Oscuro y La Sabina (Mazo). Además, supondría un impacto considerable en las zonas costeras del Valle, en las que se extienden varios asentamientos turísticos y de viviendas. A esto se unen miles de hectáreas de viñedos y frutales, en la zona de medianías, y de plataneras en la parte baja del Valle de Aridane.

Incomunicación.- En cuanto a las comunicaciones, las cenizas no sólo dañarían cultivos y estructuras, obligarían a cerrar el tráfico aéreo de la Isla durante todo el proceso. Las coladas de lava, en ambas vertientes, dejarían incomunicada la zona sur de La Palma con respecto al resto de la Isla, ya que atravesarían las dos carreteras que dan acceso al municipio de Fuencaliente. Este escenario virtual vendría acompañado previamente por los avisos dados por la erupción, en forma de movimientos sísmicos que dañarían a cientos de viviendas desperdigadas por zonas rurales del centro de la Isla.

Lo que ocurrió.- Hace 60 años, según recogen los escritos históricos, en El Paso y en Los Llanos se evacuaron a más de mil personas, debido a que sus domicilios habían sufrido graves daños y destrozos por culpa, principalmente, de los sismos. La erupción destruyó más de 60 viviendas, a causa de la lava y otras cincuenta debido a movimientos sísmicos. En cuanto a los cultivos, muchas fincas quedaron inservibles.

A su paso, la lava destruyó pajeros, viñedos, casas, fincas, aljibes, establos, medianeros, graneros, bodegas y todo lo que encontró, incluida la masa de pinar de esta parte de la Isla, que soportó numerosos incendios durante los días de erupción. Dejó incomunicado durante mucho tiempo al Sur de la Isla y la cenizas llegaron hasta Tenerife, envolviendo el pico del Teide y alcanzando alturas superiores a los 6.000 metros.

El volcán en cifras.- Como dato revelador sobre la magnitud del volcán, el profesor de Geología Manuel Martel San Gil (1914-2000), en su libro "El volcán de San Juan", publicado en 1960, recogió unas cifras que reflejan lo que representó el volcán para la Isla: materiales sólidos expulsados por los cráteres del Duraznero y Hoyo Negro, 28.800.000 metros cúbicos, y otros 10.000.000 metros cúbicos de cenizas (en lluvia intensa de polvillo que cubrían las calles, vehículos y casas). Escorias y lavas del cráter de Llano del Banco, 21.300.000 metros cúbicos; a los que se suman otros 400.000 metros cúbicos en el Duraznero. En total, la erupción soltó sobre la Isla 60.500.000 metros cúbicos de materiales.

vigilancia

Tomando el pulso a Cumbre Vieja

Sin duda, hoy estamos mucho mejor preparados para detectar con tiempo la erupción de un volcán. Desde 1997, el grupo volcanológico del ITER presta especial atención a la que sería una de las primeras señales de la aparición de una crisis volcánica. Esta vigilancia permite detectarlo con mucho tiempo de antelación. La tarea de vigilancia en Cumbre Vieja, uno de los volcanes más activos de Canarias, donde se han registrado 7 de las 14 erupciones históricas en el Archipiélago, se realizan con redes instrumentales permanentes, que registran en modo continuo parámetros geoquímicos, geodésicos y geofísicos (temperatura) de interés, y mediante campañas científicas periódicas para obtener información adicional clave, como la tasa de emisión difusa de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera por el volcán Cumbre Vieja (dentro de unas semanas se desarrollará la campaña de 2009), entendiendo que los gases son la fuerza motriz de las erupciones. Los resultados reflejan desde 1997 una situación de normalidad de la actividad del edificio volcánico palmero, que presenta una tasa de emisión promedia de CO2 a la atmósfera de 1.240 toneladas diarias. El incremento signficativo de este valor será la primera señal de alerta temprana.

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