JORGE DÁVILA, S/C de Tfe.
Es el motor de una iniciativa musical que ya presume de mayoría de edad. Una experiencia cultural que, según él, se ha ganado la fidelidad de una clientela "cada vez más exigente". Miguel Ramírez, director del XVIII Festival Canarias Jazz & Más Heineken, apunta que "con la mitad del presupuesto de los programas más prestigiosos, damos el mejor jazz de España", admitió de un calendario jazzístico puesto en marcha el pasado viernes por la noche en el Puerto de la Cruz y que se alargará hasta el 12 de julio.
-¿Qué dificultades tiene organizar un festival de estas características?
-Los orígenes del festival fueron modestos y al principio hubo que llevar la música a la gente de municipios como Garachico, Buenavista, La Orotava, La Laguna.., por citar a varios de la Isla de Tenerife. Ahora, en cambio, el público se interesa por el contenido de un programa que es muy complicado de montar porque hay muchísimas empresas e instituciones, tanto privadas como públicas, que quieren colaborar con un evento que sigue creciendo.
-¿Ha influido la calidad de los intérpretes del programa?
-Pero esa calidad existió desde la primera edición. Siempre hubo bien criterio para traer a los mejores intérpretes. Un festival como este reúne a estrellas consagradas, músicos que están despuntando y valores canarios. Tiene que generar un equilibrio perfecto que garantice un buen producto. Yo no digo que le hayamos abierto las puertas a los artistas locales para que fueran a grabar discos en el extranjero, pero creo que sí contribuimos en su promoción.
-¿Se siente realizado por lo conseguido?
-Hemos fidelizado a los espectadores, pero eso trae consigo el inconveniente de que cada vez conocen más jazz y, por lo tanto, son más exigentes. Resulta curioso ver cómo cada verano aparecen los mismos rostros, y otros nuevos que se incorporan por la buena prensa que tenemos, para disfrutar con el jazz. Es como una gran familia que se reúne todos los años para celebrar algo; en este caso nuestro festival. Hasta ahora la parte que menos nos ha preocupado es la proyección exterior y nos hemos centrado en construir algo de calidad en Canarias y para los canarios. A partir de ahí, son otros los que tienen que aprovechar la labor realizada para dar a conocer fuera que en este Archipiélago hay muchas más cosas que sol y buenas playas. ¡Hay jazz!
-¿Se ha notado la crisis?
-La única fórmula que conozco para superar una crisis es trabajar más duro y, sobre todo, ser imaginativo. Los recortes existen y los patrocinadores que se marcharon los cubrimos con otros que sí nos han dado su confianza este año. Al final, casi hemos podido mantener el mismo presupuesto (unos seiscientos mil euros) sin quitar días y mermar la calidad del festival.
-¿Se han roto las barreras que tenían "encasillado" al jazz en una posición elitista?
-Es jazz es música popular que surge del pueblo. Para mí, el jazz es un universo repleto de música y de estilos. Además, tiene la virtud de ser capaz de absorber cualquier forma nueva que salga para fusionarse con ella. Siempre hemos procurado abarcar un amplio margen de tendencias. Del jazz más clásico al más moderno, los sonidos de vanguardia que se mezclan con la electrónica. El público que se acerca a nosotros agradece que le enseñemos a descubrir todos los secretos de un mundo maravilloso. El jazz no es una diversión musical, sino un movimiento más profundo que se consolida en la cultura de una sociedad. Es un banco de pruebas donde nunca te cansas de experimentar con cosas nuevas.
-¿Algo que no tiene fronteras?
-En las formas claro que existen unas fronteras que tienen que ver con su lenguaje musical, pero es tan flexible que hasta los grandes festivales de música clásica se han dado cuenta de que para captar público tienen que recurrir a los maestros del jazz para que éstos realicen arreglos de composiciones que se pueden enriquecer. No me gustaría caer en una euforia excesiva argumentando que el jazz es el género musical de los siglos XX y XXI, pero es algo que está vivo.
-¿Se atrevería a decir que esta marca se ha consolidado?
-Ya no tienes que contar tantas historias como hace unos años porque, afortunadamente, la gente se hace una idea bastante aproximada de lo que puede encontrarse en el momento que acude a este festival, pero nunca es fácil vender cultura. Los 18 años y el apoyo de la gente son una garantía, sobre todo, en el momento de descolgar un teléfono para preguntar por la posibilidad de que una gran estrella viaje a las islas a dar un concierto. Estamos en el camino correcto para lograr algo realmente importante, pero no hemos llegado a la meta.
-Supongo que en estos dieciocho años ha habido días buenos y manos. ¿Han tenido que reinventarse nuevas fórmulas para continuar con vida?
-La espontaneidad nunca puede faltar cuando se habla de jazz, un estilo que, a su vez, crece a partir de un argumento hasta recrearse. Con nosotros pasa algo parecido, es decir, a partir de una base consolidada siempre tratamos de buscar ese margen de sorpresa para los espectadores. El problema es que cada vez lo tenemos más complicado porque el nivel, dentro y fuera de los escenarios, es mayor. Si eliges bien, son los artistas los que te hacen el trabajo de mostrar esas experiencias nunca antes disfrutadas.
-¿El norte peninsular, Barcelona, Madrid... estamos lejos de los mejores?
-Presupuestariamente sí, pero no en cuanto a la calidad de los artistas. Los festivales más prestigiosos de España y de Europa respetan muchísimo el trabajo hecho en Canarias. Estos años de trabajo han facilitado bastante que los mejores tengan referencias de lo que se hace en el Festival Internacional Canarias Jazz & Más Heineken. A pesar de que puedan venir los mismos artistas y aquí tengamos más días de conciertos, allí se paga el caché y se maneja un presupuesto que dobla el nuestro. Eso no significa que la calidad sea inferior.
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