HACE ALGUNOS DÍAS, los diarios de por aquí arriba comentaban, entre otras cosas, que por culpa de la tan zarandeada crisis uno de cada seis europeos no iría este año de vacaciones; es más, uno de cada tres se lo pensará dos veces antes de romper con el martillo de turno la hucha de terracota o porcelana en la que con tanto mimo había guardado sus extras vacacionales. ¿Y por qué se lo piensan tanto?, pues simplemente porque esos ahorros ahora, en los tiempos que corren, pueden hacer falta para cosas tan indispensables como comer o para hacer frente a las facturas, que por supuesto llegan puntualmente.
Don turismo se ha tenido que apretar el cinturón; esto ha hecho que el sector en el que éste se mueve se haya llevado las manos a la cabeza. A pesar de todo -según dan a entender los expertos en el tema-, nadie quiere sacrificar sus vacaciones. Los turistas, si al final deciden poner rumbo al "descanso", intentarán en primer lugar "salvar sus muebles" y querrán gastar lo menos posible en destino, sobre todo en alojamiento y restaurantes. Ya saben, lo de "un euro es un euro".
Destinos turísticos de sol y cultura relativamente cercanos como pueden ser Turquía o Egipto y conocidos internacionalmente por sus famosos "todo incluido" tampoco se libran de la crisis, a pesar de lo generoso de sus ofertas. Y es que el turismo en general ha abierto los ojos -monetariamente hablando-, con esto del "machaqueo" diario en los medios de comunicación sobre la triste realidad de la destrucción de empleo a nivel internacional; destrucción de empleo de la que nuestro sufrido país canario desgraciadamente tampoco se escapa.
Nuestras islas, al contrario de otros destinos vacacionales de moda, dependen fuertemente del turismo; un error que a la larga nos puede salir caro a los canarios-as. La crisis actual nos está demostrando que esto de depender tanto del exterior no es nada beneficioso; es pan para hoy y hambre para mañana. Debemos recuperar cuanto antes la agricultura, ganadería y pesca; hay que abrir fábricas para que, por lo menos, todas esas toneladas de frutas y verduras no acaben en los barrancos y puedan ser aprovechadas en infinidad de productos que incluso se podrían exportar.
Hoy por hoy, el turismo en general "cojea" y en el futuro? ¿quién sabe? ¿No sería mejor que fuéramos reforzando otros sectores económicos para que en el más leve de los casos no nos cogiera desprevenidos? De seguir dormidos en los laureles turísticos, nos terminará pasando como cuando las horas oscuras de la caña de azúcar, el vino o la cochinilla; entonces hubo que emigrar.
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