Como a los malos estudiantes, el Gobierno de Zparo nos ha dejado a Canarias y a los canarios para la segunda "cumbre" de octubre. Cuando sea seguro que CC apoyará los Presupuestos Generales de 2010, que han iniciado su tortuoso camino parlamentario con el veto por parte del Senado a los 182.439 millones de euros en que se fijó el techo de gasto por el Ejecutivo central socialista. No es que ZP necesite del voto canario, pero nunca se sabe.
Mientras tanto, nos han dado un remedo de "trato bilateral" como a Cataluña y se han creado muchas comisiones en la reunión del pasado día 29 de junio: para la actualización del REF, para el plan energético de las islas, para las redes ferroviarias de Tenerife y la tercera isla, para la reindustrialización del Archipiélago? Pero no hay "carpeta abierta" ni sobre la explotación del supuesto petróleo de Tarfaya, ni sobre la delimitación de la mediana entre Canarias y Marruecos, ni... Sólo se reciben, no se conoce cuándo, 162 millones -en lugar de los 600 prometidos de nuestra "deuda histórica"- exclusivamente para ayudar al Plan Renove de nuestra industria turística y promover el turismo en el Archipiélago entre los mayores peninsulares y los "nuevos ricos" de los países del Este de Europa, que empiezan a tener poder adquisitivo, gracias a los fondos Feder que un día ayudaron a Canarias.
Nada de eso restituirá las más de 5.000 empresas cerradas en el Archipiélago, ni dará trabajo a los más de 200.000 parados, ni compensará a los más de dos millones de plazas turísticas que los empresarios del ramo calculan que se perderán este año, ni mucho menos pondrá en marcha "una estrategia para diversificar la economía de las islas".
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En definitiva, como ha dicho la presidenta de la comunidad de Madrid, lo mismo de siempre con Zparo: ¡pitas, pitas, pitas...! O como diría la abuela Emiliana: ¡prometer, prometer hasta meter! Es decir, prometer millones que no se sabe cuándo llegan, ni para qué se emplean en realidad, sin control parlamentario alguno, dando subvenciones y subsidios para alargar el desempleo, empréstitos o regalos de emancipación que entretengan al personal, en lugar de invertir en la creación de nuevas industrias u obras públicas que generen empleo estable.
Pero no nos engañemos. Esa política hasta ahora le ha sido electoralmente rentable a Zparo con sus fieles y acríticos electores, que siguen anclados como él en la revancha de la Guerra Civil. Y por eso, frente a lo que le recomiendan algunos miembros sensatos y más críticos de su partido, las patronales, el comisario Almunia y otros nada sospechosos de trabajar por la vuelta del PP al Gobierno, Zapatero seguirá en su política de aumentar el gasto público para hacer frente a la crisis, aplicando lo que es propio de la izquierda: subidas de impuestos. Pero con sumo cuidado a los más ricos, no vaya a ser que se perjudique a "algunos de los nuestros". Más impuestos indirectos y nuevas tasas a todo lo que se mueva: subida de la luz, de la gasolina, de quien emprenda una reclamación judicial, etc., etc. Todo lo que disuade el consumo y, por tanto, la creación de empleo.
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Y así podremos presumir de inflación negativa. Nada de confundirla con la deflación. Sólo es una drástica reducción del consumo que pretenden reanimar financiando la compra de coches y pisos a parados y mileuristas, mientras las familias de los que aún conservan su empleo reducen sus gastos y aumentan su ahorro, al menos quienes aún puedan ahorrar para prevenir un futuro que ven negro, pero a cuyo diseñador siguen votando porque les promete no reducir "gastos sociales". Pero eso tiene un límite, Pepe Ignacio. Porque los Estados también quiebran, especialmente cuando no se les traslada a los ciudadanos el mensaje de que la fiesta se acabó y ya no se puede seguir viviendo por encima de nuestras posibilidades.
Así acumulamos ya una "deuda país" de más de 920.000 millones de euros, y sigue aumentando, aunque ya nadie nos la compra, si no pagamos más altos intereses que están hipotecando no sólo a las actuales generaciones, sino también que cierra la salida socioeconómica a las futuras. Y es que Zparo ya ha superado en su egolatría a Luis XV, aquel monarca absolutista francés que hizo célebre su frase "después de mí, el diluvio".
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De modo que, pese a que el Gobierno de Canarias califica de "avance" la cumbre del pasado lunes, y que nuestros empresarios confirman que no "es la panacea para resolver nuestros problemas", la batalla tiene que continuar antes del anunciado Consejo de Ministros de octubre, en la importante reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera del 15 de este mes, a diez días vista, en la que, supuestamente, se van a fijar los parámetros de la financiación para las distintas comunidades autónomas. Que ya se sabe que no van a ser igual para todos, porque Cataluña, Andalucía y los territorios forales tendrán un plus, como ya ha dicho Zparo, cuya estabilidad parlamentaria depende, sobre todo, de los 25 diputados del Partit dels Socialistes de Catalunya.
Cada territorio va a esgrimir su especificidad, su peculiaridad. No habrá una financiación "per capita". Es decir, se atiende al refrán navarro "el que más pueda, capador". Será un paso más en la desmembración de la igualdad y la solidaridad entre españoles. Los españoles, según su lugar de residencia, no tendrán los mismos derechos y deberes. Si esto no es un "golpe constitucional", se parece mucho a una reforma encubierta del pacto de la transición, sin utilizar los mecanismos previstos en la Constitución de 1978 para reformarla.
No es extraño, por tanto, Pepe Ignacio, que nuestros independentistas no se conformen ya con la tan manoseada compensación por región ultraperiférica. Porque es una ficción sin contraprestación económica suficiente. Y porque no nos salvará del zarpazo que el sultán dará un día sobre el Archipiélago, cuando sea patente la debilidad española, como ocurrió con Ifni y el Sahara. Y entonces ni la UE, ni su Tribunal Europeo de Justicia nos ayudarán a que las islas sigan formando parte del reino de España.
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