JORNADA, S/C de Tenerife
Sólo tiene 26 años y dentro de dos meses empezará a arbitrar partidos de Segunda División A. Al tinerfeño Daniel Trujillo le comunicaron ayer una noticia que viene a confirmar su brillante carrera y una evolución que no ha pasado por alto para los miembros del Comité Técnico de Árbitros, en la ordenación de sus representantes en las diferentes categorías nacionales.
"Me llamaron por la mañana para informarme de su decisión y la verdad es que todavía lo estoy asimilando", confesó a EL DÍA el joven colegiado, que no dejó de descolgar su teléfono para recibir felicitaciones de sus compañeros de profesión, familiares y amigos.
Aunque su trayectoria ya representaba todo un aval para Daniel, aseguró que el ascenso le cogió "por sorpresa", pues considera que en Segunda B hay "un gran nivel" en el ámbito del arbitraje y "cualquiera pudo haber sido elegido para dar el salto de categoría". No obstante, Trujillo estaba bien situado en la lista de candidatos, sobre todo después de haber impartido justicia en algunas eliminatorias de los cruces por el ascenso. "Creo que me encontraba entre los veinte o treinta primeros", calculó.
En cualquier caso, este "funcionario en prácticas" no piensa dejar pasar la oportunidad que le ha llegado y sostiene que "cualquier momento es bueno para avanzar en un trabajo". Además, en su caso supone "todo un placer y un privilegio" sentir el apoyo de los mandatarios del colectivo al que pertenece "con gran orgullo".
Lo que le espera en una competición en la que visitará estadios como el Ruiz de Lopera, Anoeta o Balaídos será todo un descubrimiento, ya que sus únicas experiencias en el fútbol profesional se reducen a unos pocos partidos de Primera y Segunda A en los que actuó como cuarto árbitro. No obstante, estos fugaces acercamientos a las categorías en las que seguramente desarrollará su carrera le han servido para saber que las diferencias entre la división de bronce y la de plata "son considerables". En este sentido, le vale con apuntar al "profesionalismo" que rige a los clubes de una y otra competición para decirlo todo. "Estamos hablando de una categoría en la que hay en juego unos intereses grandísimos, así que habrá que estar preparados para estar a la altura de las circunstancias", advierte refiriéndose a las exigencias que se encontrará muy pronto.
Al respecto, asegura que una preparación adecuada será fundamental para no defraudar. Sobre todo, está convencido de que para un árbitro es crucial "trabajar cada día, ir paso a paso, buscar metas cortas y sacrificarse, porque así se puede lograr todo". En su caso, además de cumplir con todo eso y "defender" la posición que se ha ganado a base de dedicación, tratará también de "disfrutar" de su estreno en la nueva categoría".
Una vez alcanzado uno de los mayores logros de su trayectoria como árbitro, echa la vista atrás y recuerda el momento en el que decidió colgarse el silbato del cuello. A la hora de repasar el camino recorrido, relata de carrerilla cada etapa. "Empecé con doce años y fui subiendo de categoría cada temporada hasta llegar a la Tercera División a la edad de 16 años. Ahí estuve seis ejercicios y después ascendí a Segunda División B, donde cumplí cuatro campañas", cuenta antes de explicar por qué optó por dedicarse al arbitraje. Se nota que lo suyo es vocación. "Es algo que siempre me gustó y que conocí bien, porque desde muy pequeño tuve la oportunidad de estar muy cerca de los campos de fútbol. Lo de arbitrar me llamó la atención desde el principio. Jugaba en las categorías inferiores del Suprema y llegó un momento en el que preferí más el pito y las tarjetas que darle patadas al balón".
Ahora, a las puertas del fútbol profesional, llega a la conclusión de que no tiene motivos para quejarse, porque el arbitraje le ha dado "mucho". En realidad, le ha otorgado "todo" lo que "hoy en día". Por eso quiere tanto la actividad que realiza y tiene claro que para llegar lejos debe "entrenar a diario", pues un árbitro no deja de ser un "deportista" que debe rendir "al máximo", porque convive con "equipos y jugadores profesionales" y necesita estar "a la altura de las circunstancias". Además, sabe que "el fútbol demanda mucha calidad y una exigencia tremenda".
En definitiva, Daniel Trujillo va camino de convertirse en uno de los árbitros más jóvenes de Segunda División -apunta que el grancanario Alejandro Hernández tiene una "edad parecida"-, compartirá categoría con el palmero Pérez Riverol y se perfila como el sustituto del último colegiado tinerfeño en alcanzar la élite nacional, Manuel Ángel Pérez Lima, que se vio obligado a retirarse a causa de una lesión que le condicionó durante la pasada temporada.
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