EL PASADO jueves 25/06/09 se asignó a mi trabajo en la "edición digital" de este periódico un título que no correspondía con mi artículo. Un fallo lo tiene cualquiera. Y al revés, al compañero D. Francisco M. González el título del que yo había llamado "Caballos blanquiazules".
Quedó simpático el invento, porque, por ejemplo, el mío hablaba de hípica y fútbol, encabezándose como "Veinticinco años casados... ¿Y ahora qué?", y el de D. Francisco, que narraba la historia de una pareja resistente, se exponía como "Caballos blanquiazules" (menos mal que el matrimonio era de Tenerife).
Hace un rato recibí un correo de un amigo lector que se pregunta el porqué de mi parto mental y si es que estoy jamado, veo chiribitas o llego donde él no llega.
Lo curioso es que mi esposa resiste ya más de veinticinco años casada conmigo, la pobre, y dada la fatalidad he de confesar que desde siempre me he preguntado lo mismo: ¿y ahora qué?
Una política alemana lanzó una rompedora propuesta en la que se pretende que el matrimonio tenga fecha de caducidad o vencimiento fijo a tiempo determinado. Hasta tal día, como pagar el coche o la hipoteca. Así, su idea es que el contrato matrimonial prescriba a los siete años (ochenta y cuatro meses); deja en manos del cónyuge la decisión sobre una eventual renovación de los votos y plazos, si fuera el caso.
En palabras de doña Gabrielle Pauli, política socialcristiana alemana, "el matrimonio debe vencer después de ese periodo ya que hay muchas posibilidades de entrar en crisis y aburrimiento". Significa que "uno podrá comprometerse por un tiempo determinado y luego renovar, si así lo desea", señala. La candidata teutona a la presidencia de su partido (CSU) cree que "un plazo de siete años es más que suficiente". Hay que puntualizar que esta señora predica con el ejemplo y se ha divorciado dos veces.
Lo más sorprendente de estas propuestas es que Gabrielle las ha realizado siendo la candidata a dirigente de un partido que se caracteriza por su tradición conservadora (CSU), pero además las ha pronunciado en Munich, una de las ciudades más católicas de Alemania. Como era de esperar, las críticas tanto en su propio partido como en la Iglesia católica no se han hecho esperar y hay quien, desde dentro, le invita a buscarse un nuevo partido más acorde con su ideología. Imagínense en el PP, por ejemplo, a doña Esperanza Aguirre.
La Iglesia católica, apostólica y romana señaló, a través del portavoz del Arzobispado de Munich, Freising, Winfried Roehmel, que "un matrimonio con vencimiento es una contradicción en sí mismo. Nadie se casa para luego separarse".
Pero muy distinto es lo del gobernador republicano de Carolina del Sur, D. Clemente Marshall, "Mark", Sanford Junior (28/05/60), que estuvo cuatro días desaparecido. Difuminado. Se lo tragó el Mar del Plata sin dejar ni contacto, ni número al que pudiera llamar su staff u oficina y, sobre todo, y especialmente, su mujer o sus cuatro hijos. Resulta que el "cabrito" se marchó a Argentina a perseguir a su amante.
Lo llamativo es que este político fue especialmente implacable y muy duro cuando D. Bill Clinton tuvo aquella famosa refriega con la becaria doña Mónica Lewinsky. Para el citado caso, Markitos o Clemente no aceptó en su papel moralista e inflexible la más mínima excusa. Al paredón con el búfalo, Bill. Ni siquiera la de que aquello sólo incumbía a su privacidad y no tenía nada que ver con sus votos como presidente: "Ha mentido bajo otros votos, que son los que le hizo a su mujer", sentenció Sanford por entonces. Sus palabras le caen ahora sobre la nuca y le son devueltas con papas fritas y ketchup.
¡Cállate la boquita! En estos temas, mejor no mojarse demasiado y, sobre todo, no tirar piedras a nadie; en esto no hay verdades absolutas y no se sabe de la misa la mitad. Cada pareja es un mundo y criticar es muy fácil hasta que se vira la tortilla.
Incontables pitorreos ha suscitado la accidentada y llorosa confesión ante los medios de sus pecados capitales. Se puso a gemir abundantemente ante la televisión diciendo que estaba loca e incontrolablemente enamorado de ella -la argentina- , coladito por sus huesos y que no había podido evitarlo. Lleno de mensajes de amor se excusó en el poder de Cupido.
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