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R. BARRETO, Pto. de la Cruz
Cuarenta años de dedicación a la docencia avalan y definen la trayectoria humana y profesional de Margarita Rodríguez, quien, en lo que denomina como "una despedida sorpresa", y no una jubilación común porque hay cientos de profesores en esta situación, recibió, recientemente, el reconocimiento y el afecto de la comunidad educativa del Instituto de Enseñanza Secundaria Mencey Bencomo de Los Realejos. En una entrevista con EL DÍA señala con respecto a este acontecimiento personal que "la única particularidad fuera de lo común estaría en el acto de despedida sorpresa y privado, aunque había muchos compañeros y ex compañeros y ex alumnos, que me dedicaron hace unos días. Fue el mejor homenaje que pude recibir, que pusieran mi nombre a la biblioteca del centro, en la que he trabajado estos últimos 20 años".
Margarita Rodríguez asegura que "no doy el tipo de profesor quemado; hasta hoy mismo he ido a trabajar con ilusión y entusiasmo. He tenido mucha suerte y mi relación con los alumnos ha sido más gratificante que otra cosa".
Afirma que "sí he concluido una etapa de mi vida cansada de la falta de consideración social que sufre mi profesión, y me llevo la sensación de que no se nos valora y que se desconoce el trabajo que hacemos. Y el sentimiento de que esto va a peor, de que en lo poco que habíamos conseguido estamos dando pasos atrás. Es lo que percibo en la calle y a través de los medios, incluso en el trato con la Administración. Sin embargo, tengo que decir que nunca lo he percibido personalmente ni de mis alumnos ni de sus padres, todo lo contrario".
Margarita Rodríguez ha sobrevivido a varias leyes de educación: empezó con la Ley de Enseñanza Media, la de Bachillerato y Preu (Preuniversitario), con las que estudió. Con la Ley de Educación de 1970 (EGB, BUP, FP y COU), probó todos los niveles educativos, en la concertada y en la pública. Luego llegaron la LOGSE y LOE.
La Biblioteca del IES Mencey Bencomo fue su caballo de batalla. Presentó proyectos y participó en concursos y "ganándolos, en solitario o con el grupo de bibliotecas al que pertenezco - afirma -, conseguimos recursos suficientes para tener una sala de lectura bien equipada. Nunca ninguno de los equipos que han dirigido el instituto ha permitido que la biblioteca fuera un almacén de libros o un lugar de castigo".
"Pero ya para el próximo curso -explica- han desaparecido los proyectos de mejora para bibliotecas, y no sabemos qué sentido tiene el que la Consejería haya presentado este curso a bombo y platillo un documento marco para las bibliotecas escolares. No sé cómo sobrevivirán ni qué consideración ha tenido su función niveladora y socializadora, ni su objetivo prioritario de conseguir un lugar de encuentro que facilite a todos por igual el acceso a la cultura".
Asegura que "con la aplicación de la LOGSE, que fijaba la escolarización obligatoria hasta los 16 años, los alumnos permanecían a la fuerza, y las circunstancias son distintas y conviven con los que quieren seguir. Aquellos alumnos que se sienten forzados o que no quieren continuar los llamamos objetores del aprendizaje, y eso produce muchos conflictos. Muchas veces tenemos que cumplir cometidos que no nos corresponden y ahí reside el fracaso de la LOGSE, y no porque fuera una mala ley, sino porque esperaba mucho del profesorado, del que se creía que tenía que sacarlo todo adelante. El profesor era el padre, la madre, el asistente social, el psicólogo y el docente de guardería".
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