PODRÍAMOS desarrollar los dos temas incluidos en nuestro comentario de hoy en dos secciones y dedicarles más espacio a cada uno, en defensa de la libertad y los derechos humanos. De esos derechos humanos de los que tanto gusta alardear a los demagogos y a la izquierdona revolucionaria y peligrosa. Sin embargo, en vez de tratarlos por separado, intentaremos sintetizarlos.
Las necesidades, cada día más acuciantes, del pueblo canario están siendo solucionadas por la buena voluntad de algunos políticos, y no por la de aquellos otros que las han causado; por la buena voluntad también de familias aún pudientes, por organizaciones no gubernamentales y por empresas solidarias. En definitiva, tenemos la suerte de contar con mucha gente de buen corazón, pero el hambre existe. Existe de una forma en que no se conoció ni en los tiempos de la guerra civil y del caudillo. Y Tenerife, la isla más próspera del Archipiélago es, según las noticias que nos llegan, la que más hambre padece. Y hablamos de hambre de productos que se digieren.
Esto debería avergonzar a quienes nos gobiernan desde Madrid. Si Canarias fuese un país soberano podría subvenir las necesidades de otras naciones del mundo, además de superar sus propias carencias actuales. Podríamos ser riquísimos si en vez de alimentar las necesidades de España y sus nefastos políticos, administrásemos nuestros recursos para nosotros mismos. Tenerife necesita obras que Las Palmas e instituciones al servicio de Las Palmas no permiten que salgan adelante. ¿Cuándo se echará a la calle el pueblo tinerfeño para que se acometa la ejecución de estas infraestructuras? ¿Por qué no sale el anillo insular, la segunda pista, el puerto de Granadilla, la planta regasificadora, las playas de Las Teresitas y Valleseco, el Balneario y el Parque Marítimo? Los políticos que no solucionan estas necesidades no tienen perdón de Dios, y deben ser machacados electoralmente en el futuro. Si salen a la calle manifestaciones para protestar por cualquier tontería, debería producirse una protesta multitudinaria contra tanta inoperancia. Manifestaciones absurdas las primeras a las que nos referimos, que suelen disolverse en grandes comilonas en grandes restaurantes. Tampoco se invade la calle para atender las penurias de esa mayoría silenciosa, que sufre, además de hambre, carencias de agua, higiene, sanidad y vivienda.
Insistimos en que esta calamitosa situación quedará resuelta apenas seamos independientes. Por eso enlazamos el asunto tratado hasta este momento con una noticia publicada en nuestra edición del pasado sábado. Una noticia que nos resulta graciosísima, pues el presidente francés, Nicolas Sarkozy, ha dicho durante su visita a Martinica que los habitantes de esa isla serán libres de elegir el camino que quieren tomar, pero en ningún caso se planteará la cuestión de la independencia. "El debate del que hablamos -señala Sarkozy- no es el de la independencia; no se trata de organizar cualquier tipo de huida de la República. Martinica es Francia y seguirá siéndolo". ¡Jesús!
A ver cómo se mastica esto. ¿Dónde está la libertad si no hay independencia? Al menos el Gobierno de Madrid le ha permitido a la agencia Efe, que es de su propiedad, dar esta noticia en España. Sin embargo, impide que salgan de Canarias las noticias sobre nuestras propias ansias de soberanía. ¿Saben los peninsulares que queremos ser independientes? Desarrollaremos este tema con más amplitud.
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