1.- Yo una vez voté a un candidato joven, que iba a librarnos de las guerras y a poder acercarnos a la modernidad. Pero me encontré más tarde con un individuo noqueado, incapaz de reconocer una crisis, que sonríe bobaliconamente cuando le llega un problema. Me ha defraudado Zapatero. Me han defraudado sus mentiras, su errática conducción del país, su sectarismo, su empecinamiento en no reconocer la realidad. Me han defraudado su escasa atención a la tierra más lejana de España, que se debate en cifras alarmantes porque hablan de hambre, de crisis económica y social, de incomprensión, de abandono moral y real por parte de la metrópoli. Cuánto he cambiado, porque yo pensé que con él llegaba también una esperanza, una nueva época, un talante distinto, un trato -desde el poder- más cercano al ciudadano. Me equivoqué por completo. Ahora sé que Canarias, cuanto antes, debe ser dueña de su propio destino. Sé también que Zapatero no hablará hoy de devolvernos nuestro mar, de poner calendario a nuestra independencia, de entregarnos nuestra tierra, que ya no debería ser cosa de España, sino de nosotros mismos.
2.- La casa grande esa, España, atiende a sus autonomías cuando dan la lata. Es decir, que sólo brotes políticamente y socialmente incorrectos ponen al Estado en alerta en Galicia, País Vasco, Cataluña, etcétera. Los canarios jugamos en segunda división porque somos pacíficos; apenas nos manifestamos; no cometemos actos violentos; el sol ardiente y los alisios han atemperado nuestro carácter y nos han convertido en dóciles, pero jamás en serviles. Porque nuestra sangre es caliente como la lava de los volcanes por los que cada día transitamos. Y porque nuestra voluntad es firme, como lo hemos demostrado a lo largo de la historia. Espero que Zapatero no venga a tomarnos el pelo y a mentirnos, como hace siempre desde que perdió el control del Estado. Porque, si así fuera, sería mejor que se mandara a mudar.
3.- Esta visita me parece absurda. España sólo nos quiere por el prurito de mantener viva una colonia. Nosotros no queremos que los godos nos dominen y nos gobiernen. Estoy, estamos hartos de godos. El godo es el que viene aquí a anunciar cosas que no va a cumplir, por ejemplo. Zapatero ejerce de godo cada vez que llega a las islas. ¿Qué ocurrió cuando, tras aquel incendio, vino hablando de ayudas a los afectados, rodeado de gente de su partido? ¿Qué pasa con las cifras del paro, más de diez puntos por encima de la media nacional? ¿Por qué sigue Marruecos apresando nuestros barcos? ¿Qué ocurre con el petróleo potencial del Atlántico cercano, que es nuestro y no de los moros? ¿Por qué no se define España? ¿Es que Canarias no vale una misa? Si usted no es capaz de resolvernos todo eso, mándese a mudar.
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