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EN EL CAMINO DE LA HISTORIA JUAN JESÚS AYALA

Groenlandia, camino de la independencia

29/jun/09 07:37
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GROENLANDIA, la región autónoma de Dinamarca y la isla más grande del planeta, ha celebrado recientemente, concretamente el pasado lunes 22, la entrada en vigor de su nuevo estatuto de autonomía, que le permite alcanzar no sólo el máximo de competencias por parte del Gobierno autónomo, sino también lo más importante y como vía hacia una futura independencia: el reconocimiento del derecho de autodeterminación. Sin olvidarnos, y se hace con frecuencia, de que la independencia es un proceso y la autodeterminación un derecho.

La isla de Groenlandia tiene en la actualidad 57.000 habitantes en una superficie de 2.166.086 kilómetros cuadrados, de los que el 80 por ciento es prácticamente hielo. Estuvo sometida a Dinamarca como colonia hasta 1953, donde ya se convirtió en territorio del reino de Dinamarca hasta 1979, año en que obtuvo la autonomía plena con Gobierno y asamblea legislativa propia, dejando atrás la hegemonía danesa instaurada el año 1721, que fue cuando llegó a esta isla del Ártico el primer colonizador danés.

Pero lo más significativo de su desarrollo político aconteció el 25 de noviembre de 2008, en que, mediante referéndum apoyado por el 75 por ciento de los votos, decidió ampliar el autogobierno y remarcar el citado derecho de autodeterminación. Y también es necesario decir que con la Unión Europa mantiene el status de Estado Asociado.

Groenlandia es una isla que posee un potencial de riqueza extraordinario, puesto que bajo su subsuelo podría haber reservas de crudo equivalentes a la mitad de las de Arabia Saudita; así como también lo que se ha dicho por cualificados investigadores: su suelo es rico en oro, diamantes y gas, que, aunque difícil de extraer, es un trabajo a realizar en un futuro inmediato.

Entretanto seguirá funcionando la subvención acordada con el Estado danés de 425 millones de euros anuales, que se irán mitigando hasta que afloren las riquezas que nutran las arcas públicas del nuevo país, dado que la isla en la actualidad vive principalmente de la pesca, cuyas ganancias se quedan cortas para un adecuado bienestar y desarrollo.

Los pueblos, y ahí está el ejemplo de Groenlandia, van camino como un imperativo categórico hacia el encuentro de su futuro, en una búsqueda constante de sus referencias identitarias y no tomar su historia, la remota, como imbuida de quietismo y de parsimonia, sino que esta sea capaz, rompiendo lazos desvirtuados, de alumbrar nuevos caminos y siempre desde el encuentro de los que viven en un territorio y que en un determinado momento decidan qué hacer con él, qué motivaciones políticas hay que abordar y, por supuesto, teniendo como objetivo único y fundamental la construcción nacional del mismo.

Groenlandia, en la búsqueda de su independencia, es también un ejemplo de cómo hacer las cosas, cómo el trasvase de poder se hace dentro de un conformismo ya refrendado y que será asumido por las dos partes: por el gobierno de la isla y por el de Dinamarca, sin ningún tipo de altibajos, resabios ni contratiempos alarmantes.

 

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