Santa Cruz de Tenerife
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Dos formas de vida en paralelo

El crecimiento urbanístico ha generado en María Jiménez dos mundos paralelos. Uno con la población originaria y otro con un volumen de población que ha llegado en las últimas décadas, dos realidades que están condenadas a entenderse, pese a las distancias sociales que ahora los separan.
28/jun/09 07:38
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LA PRIMERAS VIVIENDAS Y LAS NUEVAS URBANIZACIONES marcan dos mundos, condenados a entenderse./ m.e.
LA PRIMERAS VIVIENDAS Y LAS NUEVAS URBANIZACIONES marcan dos mundos, condenados a entenderse./ m.e.

T.I., S/C de Tenerife

El barrio de María Jiménez se mueve hoy en día entre dos realidades. Una la representa "el verdadero pueblo, que son los nativos", compuesto por los primeros moradores y sus descendientes, mientras la otra parte, que favorece que "haya dos sociedades bien diferentes" en un solo espacio, "es aquella que se advierte entre el que pasa por la zona en cualquier momento del día y saluda y, aquellos que utilizan este lugar como ciudad dormitorio y no dan ni los buenos días".

A pesar de estas diferencias, Santiago Déniz, presidente de la asociación de vecinos de María Jiménez, no oculta el deseo de que "estas personas que han llegado al barrio en los últimos años se integren en este pueblo, que es sano y donde es un privilegio vivir, a pesar de su crecimiento alarmante". El planeamiento urbanístico de la capital tinerfeña prevé un crecimiento de población en María Jiménez de hasta 8.000 habitantes, y en la actualidad es el barrio de Anaga que más crecimiento experimenta.

Entre el valle y las laderas.- La vida en María Jiménez transcurre entre atractivos que invitan a caminar por sus senderos, en un espacio definido por la zona de los valles, más marcada por lo rural, y, luego el enclave urbano, dos mundos compenetrados y condenados a entenderse sin diferencias y con un trabajo en común.

La zona más alta del valle empezó su expansión entre los años 80 y 90, con las primeras vías, a lo que le siguió el alumbrado, el agua potable y el teléfono.

La vida junto a las laderas también implica riesgos y prueba de ello es el desprendimiento de piedras que a finales de diciembre del año pasado se precipitó sobre varias viviendas, afectando a 16 vecinos que hasta la fecha están alojados en casas de alquiler.

Respecto a la situación de estas personas, Santiago Déniz expresó su más enérgica protesta, puesto que durante meses el ayuntamiento no ha abonado el alquiler, "por lo que los propietarios piden que las abandonen por falta de pago, y el ayuntamiento no debe caer en esa tentación".

María Jiménez y el mar.- La pérdida del mar en esta franja litoral se asume con resignación como precio por el pago del progreso. Este enclave contaba con una de las mejores zonas de baño de Anaga, que se fue perdiendo a medida que se incorporaron equipamientos como la estación de bombeo. No obstante, Déniz recuerda que cuando se tuvo que tomar una decisión para luchar por una franja de costa "Valleseco tenía más densidad de población y ahí estuvimos todos juntos".

Una rotonda de entrada.- En María Jiménez hay, entre otros problemas, una demanda esencial: los accesos al barrio desde la autovía de San Andrés por medio de una rotonda, "pues tenemos un cuello de botella que convierte a este tramo en una ratonera, una obra que depende del PGO, y podría ser una herramienta para generar empleo porque el paro está siendo cruel con el barrio, sobre todo con la gente más joven". Pese a ello, la caza, el fútbol, con el Atlético San Juan como bandera, o la murga Los Sofocados siguen siendo puntos de encuentro para las nuevas generaciones.

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