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V.M., S/C de La Palma
Es serio. De pocas palabras. En el contacto inicial parece hermético, hecho para su trabajo. Lleva 35 años llevando en "su" coche a los máximos responsables de la política insular. Sin accidentes, sin multas, sin necesidad tan siquiera de parar por un pinchazo.
Antonio Riverol Marante es el chófer encargado de llevar a todos los actos a la presidenta del Cabildo, Guadalupe González Taño. Ha sido una rutina en su vida. Antes ya había llevado a otros siete responsables de la primera institución. De la época franquista y, también, de la constitucional. Manuel Pérez Acosta, Antonio Carrillo, José Santos, Gregorio Guadalupe, Felipe Hernández, José Luis González Afonso y José Luis Perestelo han estado en sus manos. En su seguridad al volante.
"Cada uno es diferente y tiene su propio carácter, como todas las personas, con sus problemas y mucho trabajo. No tiene que ver con el partido al que pertenezca, sino con su forma de ser", asegura sin titubeos. Le cuesta hablar de lo que ha sido capaz de ver y, sobre todo, de oír, pero afirma que "aquí (señala al sillón trasero) se han cerrado hasta mociones de censura y pactos de gobierno, además de demasiadas conversaciones privadas, pero siempre he tenido claro que mi misión ha sido y es oír, callar y tirar para delante".
Eso sí, Antonio Riverol reconoce que el más recto, el más exigente, de todos los presidentes que han pasado por el vehículo oficial ha sido "Felipe Hernández. Era el más difícil, aunque tampoco tuve problemas con él", mientras que al otro lado de la balanza está "José Luis Perestelo. Fueron muchos años y ya era un amigo. Antes de decirme que había que ir a trabajar un sábado o por la tarde me preguntaba si tenía algo que hacer. A muchas cosas iba en su coche particular".
Uno de sus mejores recuerdos ha sido "llevar al Rey, Don Juan Carlos. Tuvo un trato agradable, hablaba conmigo y me decía que si no podía correr un poco más. También fue agradable llevar a Adolfo Suárez y otros políticos y personalidades", afirmando que "me gusta mi trabajo e intento hacerlo lo mejor que puedo".
Ninguno le han pedido confidencialidad, "pero tampoco hace falta. Es parte del trabajo. El que se sienta aquí está para conducir". Quizás por ello cuesta quitarle anécdotas y, más aún, con qué presidente las ha vivido, aunque reconoció que ha visto cómo una autoridad, no quiso especificar, "se manchaba en una zona quemada, durante un incendio forestal, antes de que llegaran los medios de comunicación. Eran otros tiempos".
Al principio, a mediados de los años 70, "viví el cambio del franquismo a la democracia. Se notaban aquellos años de incertidumbre", mientras que ahora, con la primera mujer presidenta, "poco puedo decir, porque estamos empezando. Sólo me ha dicho que esto continuará igual".
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