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Prisas de fin de curso

28/jun/09 07:39
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EL TIEMPO huye, según el dicho clásico, y en política esta realidad se experimenta agudamente en tiempos de crisis, porque la economía no es estática, los plazos vencen, y quedarse quieto no equivale a rendirse a la bancarrota, con la particularidad de que cuanto más tarde en producirse una reacción, más caro habrá de ser el precio que se acabe pagando. Esta semana hemos podido comprobar cuán verdaderas son estas situaciones gracias a que se terminaba el período de sesiones, y urgía amontonar proyectos de ley y convalidaciones de decretos-leyes antes de que se nos echasen encima las vacaciones de verano.

El Gobierno ha logrado, gracias a la abstención de pequeños grupos que podrían haberle amargado la fiesta, sacar adelante la autorización parlamentaria para lo que llaman el "techo de gasto" en los Presupuestos del año que viene. Un 15,5% más de gasto no financiero que el previsto para este año, en un Presupuesto que hoy ya es un puro papel mojado porque las previsiones ignoraron deliberadamente la crisis que todos, menos Zapatero y los suyos, conocían.

Dos aspectos destacan en este extraño fenómeno parlamentario: el primero es la benevolencia de los partidos de la oposición hacia un Gobierno que o va a subir los impuestos hasta lo insoportable, o endeudará al país para varias generaciones; esto es así porque no hay otro modo de pagar ese gasto público que el Gobierno anuncia para 2010. La explicación habrá que encontrarla en promesas a corto plazo a esos pequeños grupos, algunos de ellos de ámbito autonómico, y, como se suele decir, el que venga detrás, que arree. Así es como suele cerrarse este tipo de votaciones: negociando cosas ajenas a lo que se ha de votar, e intercambiando favores. En cierto modo así funciona la política en todas partes en algunas ocasiones; pero es que entre nosotros funciona así siempre, aunque lo que se acabe votando sea un puro disparate.

El segundo aspecto sorprendente es que, al tiempo que el Gobierno conseguía el permiso del Congreso para incrementar el gasto más de un 15 por ciento, la vicepresidente económica tuvo la desfachatez inaudita de estimar que la acción del Gobierno en 2010 se caracterizará por la "austeridad" (sic), y sus señorías permanecieron impasibles en sus escaños en lugar de haberla dejado sola en la tribuna de oradores hablando a las paredes y a sus propios correligionarios. Hay ocasiones en que la cortesía parlamentaria, ciertamente recomendable, puede llegar a confundirse con la pura estulticia.

Tres casos

Por lo demás, la semana nos ha ofrecido un episodio más del conocido culebrón del "más eres tú", tan tradicional en nuestra política. Tres "casos", como se denominan en los medios, se han cruzado estos días: el "caso Bárcenas", que afecta al Partido Popular, y el "caso Chaves" y el "caso CNI", que afectan al Partido Socialista.

Luis Bárcenas es el tesorero del PP, y como consecuencia de las ivestigaciones del juez Garzón ha resultado presuntamente implicado en maniobras ilegales perseguibles penalmente, como pueden ser el cohecho, el delito fiscal o el tráfico de influencias. No es nada fácil escribir sobre este asunto porque ni siquiera el propio Bárcenas conoce el contenido del sumario que se instruye en el Tribunal Supremo debido a la condición de aforado de Bárcenas, que es senador. Las informaciones y los comentarios han de fiarse de las filtraciones que del sumario declarado secreto han llegado al diario El País, que, como suele ocurrir, las va dosificando según sus intereses políticos y comerciales.

Pero aunque poco se puede decir con fundamento de este caso desde el punto de vista jurídico o judicial, políticamente el asunto está perjudicando seriamente al Partido Popular, porque la llamada "pena de banquillo" es devastadora en política, y más aún cuando ocurre que el presidente del PP, Mariano Rajoy, ha desplegado una defensa cerrada de su tesorero desde el primer momento. Si Bárcenas llegase a ser inculpado y se solicitase el correspondiente suplicatorio, Rajoy tendría muy difícil salir de este trance, en el que quedaría patente, en el mejor supuesto, que es hombre al que se puede engañar con facilidad; y en el peor, que ha preferido la complicidad con Bárcenas a la defensa de la honradez en el manejo del dinero ajeno.

Los casos que afectan al PSOE gobernante también han saltado a la palestra pública gracias a informaciones periodísticas, esta vez del diario "El Mundo". El "caso Chaves" se refiere a la subvención multimillonaria que la Junta de Andalucía otorgó, siendo Chaves presidente, a la empresa de la que su hija Paula es apoderada y asesora jurídica. La novedad de esta semana ha sido una querella puesta por el PP nacional contra Chaves, hoy vicepresidente del Gobierno, que inmediatamente fue retirada, según se ha publicado, por presiones del PP andaluz, dicen ahora que para ampliarla. Todo parece indicar que ha habido una grave falta de comunicación interna en el Partido Popular, y que la iniciativa de presentar la querella ha disgustado mucho al presidente del PP de Andalucía, Javier Arenas, que parece que quiere administrar este asunto a su manera. Sea lo que fuere, da la sensación de que este viaje a los tribunales tiene todo el aspecto de ser una especie de contraataque por el "caso Bárcenas". Veremos en qué para todo esto.

Lo del CNI es otra cosa: según se ha publicado, el director del servicio secreto español, Alberto Sáiz, usó repetidamente medios y dineros públicos al servicio de sus aficiones personales y su particular digamos calidad de vida. Un escándalo típico de lo que en román paladino se conoce como propio de chorizos. Todo señala a la fuente como procedente del interior del organismo. Sáiz ha declarado ante el Congreso (curiosamente, en la Comisión de Secretos Oficiales) a puerta cerrada. Pero este asunto tiene más recorrido, porque ya ha empezado el acoso político a la ministra de Defensa, de la que depende el CNI.

Así, con cosas como todas éstas, se comprende que los políticos estén en la cola del respeto que merecen las instituciones a los españoles.

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