O sea: soy reincidente y continúo en la lucha -pacífica y democrática- por la liberación de nuestra Patria canaria; me cueste lo que me cueste y pese a quien le pese. Con la insobornable independencia de criterio de la que siempre he hecho gala y sin ataduras ni servidumbres de ningún tipo, libremente.
Por lo tanto, mi silencio de estos ocho largos meses (EL DÍA publicó mi último artículo, "Obama presidente", el 2 de noviembre del año pasado) ha obedecido a cuestiones de índole estrictamente personal y profesional que requerían mi máxima atención y dedicación. Lo que no ha sido óbice para reafirmar mi ineludible compromiso con nuestra tierra, que también forma parte intrínseca de esos "asuntos propios" que corresponden a un independentista "convicto" y "confeso", como es mi caso.
Por ello, ajusto de nuevo mi "gran angular" para enfocar la cruda e insostenible realidad de Canarias, inmersa en una sangrante indefensión político-jurídica, desde las páginas de este periódico, plural e independiente; oportunidad que agradezco una vez más a su estimado editor-director, don José Rodríguez Ramírez, ilustre compatriota, tan comprometido con la soberanía de nuestro Archipiélago.
En todo ese tiempo he seguido puntual y atentamente el curso de los acontecimientos, tanto en nuestras Islas como más allá de nuestras fronteras (¡aún por delimitar!, desgraciadamente), constatando cómo la situación política y social de Canarias sigue su proceso putrefacto de degradación, donde la catastrófica depresión económica está causando auténticos estragos en todos los sectores de nuestra sociedad. Ya lo advertía en un artículo anterior: "?España nos llevará al abismo por imperativo legal.¡Y si no, al tiempo!". ¡Y eso es, justamente, lo que está ocurriendo!
Paralelamente, la alusión indiscriminada a los típicos tópicos no evitan que emerjan las enormes contradicciones, implacables y reveladoras, poniendo de manifiesto el monumental engaño masivo al que está sometido el pueblo canario; con el falso referente político europeo, que se superpone sin el menor rigor, para obviar el determinante factor geográfico africano. Sin contar los encubridores eufemismos al uso y la maquiavélica manipulación informativa, tendenciosa e infesta. Y lo que es todavía más grave: el perverso colaboracionismo de instituciones, políticos y medios de comunicación en general, prestándose al juego de la metrópoli, en escandalosa connivencia. Es la necesaria colaboración que precisa el colonialismo español para perpetuarse "sine die" en Canarias, al precio que sea. Tal es así que, salvo la noticia obligada, ninguno de los medios informativos canarios, tanto los periódicos impresos y digitales como los radiofónicos y audiovisuales, han denunciado -como hizo EL DÍA- el enésimo atropello al pueblo canario perpetrado en el Congreso español, en el que los "franquiciados" isleños de los partidos estatales PSOE y PP votaron disciplinadamente, junto a sus respectivos correligionarios, contra la admisión a trámite en las Cortes españolas de la llamada Ley Orgánica de Transferencias a Canarias (Lotraca). Otra felonía más, de las muchas padecidas por Canarias a lo largo y ancho de su denigrante e ignominiosa historia colonial. Así que, a tenor del canallesco comportamiento de "sus señorías", que cínicamente se autodefinen como "representantes del pueblo canario", ese engendro político-jurídico, absolutamente inservible, y que fuera una vil maniobra colonialista, será en adelante la Lista Ordenada de Traidores a Canarias, ¡los de entonces y los de ahora!
Porque este episodio tiene su intrahistoria que conviene recordar -sobre todo a los devotos españolistas- para poner al descubierto el trasfondo del asunto. Recuérdese que en la azarosa etapa de UCD, con Adolfo Suárez de presidente del Gobierno español (el señor Olarte era su asesor), se procedió a construir el artificioso proceso autonómico, a Canarias se la metió de cabeza por el Artículo 149 de la impuesta Constitución española, ante el temor al resultado del referéndum que implicaba la vía del Artículo 151 por el que accedieron los llamados "territorios históricos" y la misma Andalucía. Téngase en cuenta que, por ese tiempo, nuestro Archipiélago estaba en plena efervescencia auspiciada por las proclamas independentistas de la Voz de Canarias Libre, que emitía desde Radio Argel, y la eclosión de formaciones de corte nacionalista, tales como la coalición UPC (formada por PCU y otros), que logró el Ayuntamiento de Las Palmas; y cuyo edil, el extinto Manuel Bermejo, fue "desalojado" de la alcaldía por una componenda "constitucionalista" organizada por PSOE, AP y PCE.
Para "compensar" el agravio se promulgó la esperpéntica Lotraca, cuyas "complementariedades" España no tenía intención de desarrollar, como se ha visto ahora; quedando reducida en la práctica a un legajo más, de los muchos que engrosan la Legislación de Derecho interno español. ¿Cómo se le van a transferir a la colonia competencias en materias de comercio exterior, inmigración, gestión de puertos y aeropuertos y otras, que puedan dar alas a los canarios y se planteen volar solos? Todo estaba y está perfectamente estudiado, atado y bien atado.
Por lo demás, el panorama político del nacionalismo ortodoxo es desolador: persisten los enfrentamientos y los desencuentros se suceden lamentablemente; producto de los personalismos y liderazgos autoproclamados que van en detrimento de la necesaria unidad de acción que demanda imperiosamente nuestra Patria canaria. A esa ceremonia de la confusión contribuyen los "teóricos del nacionalismo", mareando la perdiz con sus elucubraciones filosóficas y sus disquisiciones semánticas, sumergidos en un inmenso y a la vez etéreo "atlantismo". Situación convenientemente "rentabilizada" por las formaciones autonomistas, CC, NC, CCN y otras, que ocupan el espacio político verdaderamente nacionalista, con la anuencia y complicidad de todos los medios de comunicación y el beneplácito de Madrid.
Aunque no todo son despropósitos. Un grupo de comprometidos patriotas, conscientes del enorme poder político y trascendencia de esta iniciativa, hemos puesto en marcha el Observatorio Marítimo del Archipiélago Canario, cuyo objetivo prioritario es, entre otros, reivindicar la demarcación de nuestras fronteras y, consecuentemente, la delimitación de nuestros espacios marítimos oceánicos, para que España se "moje", nunca mejor dicho. De todo ello hablaremos en el próximo artículo.
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