La Laguna
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La última taberna literaria de la ciudad deja paso a una nueva construcción

27/jun/09 07:52
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D. BARBUZANO, La Laguna

De las muchas tabernas literarias que tuvo la ciudad, la única que había subsistido durante muchos años era la conocida como La Oficina, la cual será demolida por construir un edificio.

Lo peor de esta historia es que hoy será el último día que la taberna abrirá sus puertas, donde se reunirán muchos clientes para saborear sus vinos y embutidos especiales.

Pero al derribar esta taberna y el edificio que ocupa, para hacer otro nuevo, se producirá un atentado contra el acontecer histórico y literario de la ciudad de La Laguna, e incluso de Santa Cruz y de la Península. Todo porque numerosos escritores y poetas visitaron el lugar y dejaron escritos versos en las paredes, firmados, que se perderán.

La Oficina fue fundada el 8 de diciembre de 1944 por Enrique Fernández Remigio y Ramón Herrera Amaya.

Tuvo sus orígenes en una carbonería ubicada en la trasera del teatro Leal, donde, junto con el carbón, se vendía el dorado vino herreño, pero el atuendo de sus clientes terminaba manchado por los residuos del carbón.

Por ello, en 1946 La Oficina se trasladó a la actual ubicación en el antiguo callejón de Los Bolos y a escasos metros de la torre de Las Concepción.

Para encontrar el nombre de La Oficina se hicieron varias propuestas y al final ganó la del poeta Manuel Verdugo. Fue La Oficina una de las tabernas literarias laguneras y la única que hasta hoy ha perdurado.

Sobre sus antiguas barricas depositaron sus desequilibrados cuerpos personajes de la notoriedad de López Ruiz, Bonnín, Nijota, Conrado Bonilla, González de Mesa, Emeterio Gutiérrez Arbelo, Juan Oliva, Luis Álvarez Cruz y Manuel Verdugo, entre otros. Figuras, todos ellos, con distintas profesiones e ideologías, pero con un punto de encuentro: charlar de literatura, de arte, de poesía, de política y del chismorreo.

Sus paredes quedaron impregnadas con los versos escritos de puño y letra de importantes personajes de la poesía y la literatura, con poemas como este: "Contra la sed ardorosa,/ es muy buena medicina,/ la inyección intravinosa, para informes, La Oficina". Lo escribió Manuel Verdugo.

Para Manuel Verdugo La Oficina fue su "clínica predilecta", por lo que también escribió: "Tiene mucho de bar y de bodega y también de colmado..." "Nadie llega a definirlo de concreto modo. Te diré con Bartrina: no analices. Lleva el vaso fragante a tus narices, a tu boca después... y empina el codo".

La Oficina tuvo su época dorada hasta 1951, precisamente el año en que falleció el poeta lagunero Manuel Verdugo, uno de sus miembros más representativos.

Hasta hoy sábado, 29 de junio de 2009, de los versos que escribieron en las paredes de La Oficina todavía se conservan los de los poetas más famosos del ayer lagunero, poemas y paredes que, por desgracia, el visitante no podrá captar esa atmósfera intangible que tantas generaciones disfrutaron.

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