UN LECTOR, cuyo nombre conservamos en el anonimato por expreso deseo suyo, le ha enviado una interesante carta al editor y director de EL DÍA, José Rodríguez Ramírez. Nuestro remitente ha pedido que no hagamos pública su misiva. No obstante, como nos identificamos plenamente con su contenido, nos permitimos resumir la esencia de la misma.
Afirma este lector que es uno de los tantos canarios que coincide en cuanto manifestamos a diario en nuestros comentarios y editoriales, a la vez que expresa su deseo de aportar un grano de arena en la lucha -lucha pacífica, precisamos por nuestra parte- para conseguir nuestra libertad como canarios. Según su opinión, y también la de muchos isleños, "mientras no sea el pueblo quien actúe, lo del GRAN de Canaria no lo tocará nadie. Los de allá no rechistan porque no tienen razones que lo justifique. Mientras se siga con el "gran", tanto en prensa como en televisión y otros medios de comunicación ellos se callan ya que lo que les interesa es que subsista. Tampoco hay que recurrir al Parlamento de Canarias, pues lo único que se conseguiría sería sustituir el "gran" por "grandísima". ¡Qué acertada apreciación! ¿Podemos esperar algo, preguntamos nosotros, de los diputados del Parlamento de Canarias?
Añade con mucho acierto este lector y patriota que si los dirigentes de la tercera isla "impusieron el gran a base de machacar y repetirlo hasta la saciedad, ¿por qué no utilizamos sus mismas armas los que conocemos tan ridícula felonía? ¿Cómo? Omitiendo en todo momento el gran". Sugiere nuestro comunicante que siempre que hablemos o escribamos de cualquier asunto relacionado con esa isla, la identifiquemos simplemente por Las Palmas, "incluso difundiendo un comunicado del engaño para todo forastero". Algo, estimado lector, que venimos haciendo desde hace tiempo en las páginas de EL DÍA.
Otra opción, según él, es anteponer el gran a cada isla, empezando por Tenerife que es la mayor. "Seguro que el estallido de protesta no tardaría en Canaria. Incluso recurrirían al Parlamento, y en ese momento tendríamos la ocasión de exigirles que nos demuestren la autenticidad de la patraña, y eliminarla por las buenas. De no ser así, podríamos enviar circulares a los países cuyos ciudadanos nos visitan y advertirles del engaño antes de que vengan. Esa gente no entiende otro idioma. Lo que nos han robado a lo largo de los años no nos lo devolverán jamás. Están bien amparados para que eso no ocurra. El odio y la envidia que siempre han tenido a Tenerife, y la gran influencia que los apoya desde Madrid (y aquí también), logró algo insólito que fue la separación de las Islas en dos provincias".
Añade nuestro comunicante que los dirigentes políticos de allá seguirán robando todo lo que puedan, además de copiarnos en todo para estar a la misma altura y luego tratar de superar lo copiado. "Nosotros, sin nadie que imparta justicia, estamos solos, traicionados y reducidos al derecho al pataleo".
Se pregunta también este lector de EL DÍA qué poder oculto tienen en esa isla "para doblegar las voluntades no sólo de Madrid, sino de los políticos canarios chicharreros, que callan temerosos ante las canalladas de la tercera isla. ¿Se desvelará algún día este misterio?". Señala, por otra parte, que respecto al ultraje que realizaron cuatro mentecatos al cambiar el tamaño del Tenerife en el escudo, y lo del orden alfabético, "no nos harán caso salvo que se convoque una manifestación popular ante el Parlamento. No harán nada, pro al menos nos oirán a la fuerza y el descontento llegará a Madrid".
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