HOY, el día después del vergonzoso fracaso de la selección española en el torneo de la Copa Confederaciones, me da por el comentario deportivo, que sólo contadas veces me he visto obligado a practicar en el medio siglo y pico que he trabajado activamente en la Redacción de este periódico. Una de esas ocasiones que me viene a la memoria fue una noche en que, antes de cerrar el periódico, nos dimos cuenta de que ese día se había enfrentado el histórico Real Unión, antes Fomento del Cabo, con otro equipo local, y nada sabíamos de ese encuentro. Dije al querido compañero Gilberto Alemán que tratara de averiguar qué pasó en ese partido, porque no podíamos salir al día siguiente sin siquiera mencionar el choque. Gilberto tiró de teléfono y pudo averiguar sólo el resultado, que era de 2 a 1 o algo así. Se sentó a la máquina, porque entonces no se había inventado aún el ordenador, y se inventó una reseña del encuentro que era creíble porque al compañero no le faltaban recursos para dar cuenta de un partido de fútbol, aunque fuera imaginario. Muy completa la reseña, pero se olvidó de poner el resultado, que era lo único que sabíamos, y la información salió "desrabada". Me supongo la reacción de los lectores, pero nadie vino en manifestación a esta Casa, que estaba entonces en la calle del Norte, a protestar porque no se estilaban las protestas de esta guisa en aquellos tiempos. Eso fue todo en aquella aventura.
Han pasado muchos años y, sin querer imitar a un Matías Prats o a un José María García, salgo a la palestra para dar cuenta de la tremenda desilusión, del cabreo y de la vergüenza que me dio el escandaloso fracaso de "La Roja", como llaman a ese equipo que cayó estruendosamente ante los mediocres jugadores estadounidenses.
La novelera e infundada propaganda goda que presentó al conjunto como un Cid Campeador colectivo, quedó mundial y nacionalmente a la altura del betún. Me vino a la memoria la ocurrencia de un popular personaje de Santa Cruz, el malogrado amigo Foronda, cuando dijo que los jugadores del Tenerife, de cuyo equipo era el amigo destacado hincha, "tenían huevos de granja".
Igualmente ocurrió con nuestra adulada y teóricamente invencible selección, que jugó ante el conjunto estadounidense tal cual el Mensajero o el Atlético Perdoma.
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