Santa Cruz de Tenerife, Isabel López Rodríguez En la oscuridad del taller y con la habilidad de sus manos, el creador sordociego Luis Bethencourt moldea en barro aquellos recuerdos lejanos que ahora extrae de su memoria para dar vida a peculiares esculturas que recrean animales y criaturas mitológicas.
Sirenas, centauros, mantas, tortugas marinas y otros animales fruto de nueve años de trabajo se exhiben estos días en la sede de la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE) en Santa Cruz de Tenerife con motivo del Día Internacional de la Sordoceguera que se celebra hoy.
Didier Tacher, intérprete que trabaja con Luis perfeccionando aspectos del lenguaje braille, vocabulario, comprensión de textos y estructuras gramaticales explica en una entrevista que esta iniciativa surgió en diciembre cuando le propuso a Luis la elaboración de un camello de barro para mostrarlo a otros alumnos.
El proyecto inicial acabó convirtiéndose en un belén y en una muestra más ambiciosa que recoge el trabajo que el creador realiza en el taller de cerámica del centro municipal Andrés Llanera, en el municipio tinerfeño de Güímar.
Sin la ayuda de un torno, Luis, que comenzó a perder la visión a los veintisiete años hasta llegar a la ceguera total, trece años después moldea con sus manos el barro en su mesa de trabajo, lo lija y pule, y una vez horneado lo introduce en agua.
Didier Tacher explica cómo el artista ha ideado un sencillo sistema elaborado de papel que introduce en la parte inferior de las esculturas para evitar que éstas sean muy pesadas y que puedan fracturarse.
El proceso de cocción y pintado de las piezas, elaboradas con diferentes tipos de barro que les otorgan distinto color y textura, lo supervisa una monitora y lo culminan alumnos del centro.
"De esos recuerdos de su vida, de lo que leyó en libros, vio en los documentales de televisión o mientras buceaba, de ahí salen los animales que representa" indica Didier.
Piezas más sencillas que han ido adquiriendo complejidad con el paso del tiempo y cuya elaboración compagina con sus clases en este centro ocupacional y sus "tareas diarias de braille".
Y por la tarde su paseo por el puerto y su "cortadito" siempre en el mismo bar; es muy autónomo y muy conocido en el pueblo, por eso no sufre ningún tipo de aislamiento, comenta Didier.
Pese a las dificultades para comunicarse, palpando las manos de su intérprete que se expresa empleando el lenguaje de signos, Luis insiste en conocer la opinión de los visitantes que acuden a ver la exposición, donde también se pueden adquirir algunas de sus obras.
Empleando sus manos se aventura a un "reconocimiento táctil" de sus interlocutores, una pareja que han comprado dos de sus esculturas, se presenta, signando su nombre empleando el alfabeto dactilológico, les explica cómo es el proceso de elaboración de sus trabajos y les agradece su visita a esta muestra, un ejemplo de que el arte puede salvar barreras.
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