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EDUCACIÓN, FAMILIA Y SENSATEZ FRANCISCO M. GONZÁLEZ

Caballos blanquiazules

26/jun/09 08:46
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HACE unos meses celebraron las Bodas de Plata de su matrimonio Margarita Rábago de Luccini y Jesús Miguel González Peñuela, en la intimidad con sus hijos -que en los tiempos que corren tiene su mérito-. A pesar de la amistad que nos une, hasta el viernes pasado no les había podido felicitar personalmente y tomar una copa con ellos.

Se conocieron en una playa de Cádiz -del cabo de Trafalgar- la Playa de Los Caños; a Margarita le cautivó, junto con la seriedad de Jesús, su azabache y profuso bigote, que le daba un aire de intelectualidad. La mirada prístina y acogedora de Margarita junto con el azul celeste de sus ojos engatusó a Jesús -como hoy-. Allí comenzó un noviazgo de cuatro años, los dos primeros por carta -carta casi a diario- porque ella vivía y estudiaba Ingeniería de Caminos... en Madrid y él vivía en Córdoba y estudiaba Derecho en Granada. Aunque lograban verse en los veranos, porque los padres de Marga veraneaban en Cádiz.

-Jesús -les pregunto-, por eso al terminar la carrera, ¿te vas a Madrid a preparar la oposición de Inspección de Finanzas del Estado? Jesús me contesta, con su típica carcajada: -Lo cierto es que durante aquellos dos años de preparación para la oposición nos podíamos ver un par de horas todos los días, y algo más los fines de semana; porque había que dedicarle tiempo a los temas. En realidad, lo que deseaban era casarse cuanto antes: lo que hicieron, en cuanto Jesús aprobó la dichosa oposición.

-¿Proyecto matrimonial?

-Durante nuestro noviazgo nos habíamos escrito mucho y hablado de todo. En realidad, las cosas que acordamos fueron: más o menos, el número de hijos -nos gustaban los niños-; que Jesús saldría a trabajar y Marga se quedaría en casa; vivir independiente de ambas familias. Vivir un matrimonio como Dios manda, como habíamos visto en nuestros padres. La boda hizo que su forma de amar en el noviazgo fuese a más: "con mucha más libertad para estar solos y juntos, para compartir nuestras vidas" .

-¿Ocho hijos, no es una temeridad en el momento actual?

-Eran los que habíamos pensado de novios; además vienen de uno en uno, han contribuido a fortalecer nuestro amor y, tantas veces, a coger fuerzas e ilusión para seguir adelante". En definitiva, "son un orgullo, una gracia de Dios.

-Y a pesar de tantos hijos, os están saliendo bien: Myriam, la mayor, licenciada en Matemáticas y trabajando como profesora; Jesús, el segundo, terminando Derecho... ¿cómo?

-Con mucha paciencia y la ayuda de Dios -contesta Marga sin pensar-. A lo que añade Jesús: Dedicándoles tiempo real, no basta con "el tiempo de calidad" de que tanto se habla. Hay que estar con ellos, y muy en contacto con sus profesores, lo normal. Nos han ayudado también los cursos de orientación familiar en los que hemos participado, al principio como alumnos; y después impartiendo algún tema, tratado de ayudar a otros matrimonios.

El momento más difícil en el matrimonio fue la muerte de Ramón a los 22 años, uno de los hermanos de Margarita, en accidente de coche, a los cinco años de casados, con quien estaba muy unida.

La comprensión, la delicadeza y el cariño de Jesús -recuerda Marga- fue lo que me ayudó a superarlo.

-¿Momentos felices e inolvidables?

-Fueron muchos... para mí la marcha como numerarios del Opus Dei, primero de Ángel, con 18 años a Croacia -el tercero y estudiante de ingeniería en el ICAI-; y después Margarita a Sevilla el año pasado -la tercera y estudiante de Farmacia, también con 18 años-, afirma la madre, añadiendo "era su entrega total al Señor". Para el padre, los momentos más inolvidables: el nacimiento de cada uno de sus hijos.

-En realidad, ¿qué es lo que ha contribuido a lograr mantener viva la llama del amor con el paso de los años y superar esos pequeños trompicones que se dan en todo matrimonio?

-Los niños; y además, nosotros -lo dicen casi al unísono- no acostarnos ninguna noche sin aclarar cualquier malentendido o hacer las paces; y, volver a recomenzar todas las mañanas con el entusiasmo de "reenamorarnos" el uno del otro.

-Veinticinco años de casados? ¿y, ahora qué?

-¡Volver a empezar, con algo más de veteranía! -contestan los dos, sonriendo-, todavía, nos quedan los pequeños Rocío, Marta, Esther y Borja? Y la ilusión por celebrar con todos ellos las Bodas de Oro.

¡Gracias por vuestra sinceridad y ejemplo!

* Orientador familiar

y profesor emérito del CEOFT

fmgszy@terra.es

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