SI DE VERDAD una imagen vale más que mil palabras, resulta indudable que una única foto puede explicar lo que es hoy en día la política española. Es la foto de Mariano Rajoy saludando, con gesto de memo sublime, a un sonriente Zapatero que lo mira a medio camino entre la condescendencia y la compasión. "Si todos fueran como este", debería pensar el presidente en esos momentos. Como apunte informativo les diré que don Mariano se interesaba por el incidente que sufrió el avión de Zapatero en Togo. Esa nube de mosquitos que le impidió al piloto despegar en un primer intento.
El país va camino de la quiebra -eso lo admiten ya en voz baja hasta los socialistas de toda la vida-, el ministro Corbacho admite sin tapujos que una de cada cuatro familias con todos sus miembros parados no recibe prestación alguna, quienes hace un año por estas fechas planeaban ilusionados sus vacaciones hacen cola ahora desesperados ante las casas de beneficencia, la CEOE-Tenerife augura un paro en Canarias del 31 por ciento y muchas codas más en esta ópera esperpéntica que omito para no amargarle el día a nadie más de lo que ya lo tiene, pero Zapatero alardea en público de que se pasa las recomendaciones de Trichet por el arco de triunfo. ¿Y qué hace Rajoy? Pues Rajoy, ajeno por completo a la calamidad social, investido de bufón político que no piensa sino en su perpetuidad como jefe de la oposición -ya apalancó a Ruiz Gallardón en la alcaldía de Madrid para otros cuatro años, y está tratando de repetir la misma jugada con la lideresa en la Comunidad autónoma de la Villa y Corte-, se interesa por una nube de mosquitos en Togo. Increíble pero verídico. Bien es verdad que si esos socialistas a los que me refería antes sin citarlos admiten que tenemos un Gobierno malo, lo hacen porque a renglón seguido añaden que la oposición es peor. Y no les falta razón.
Hay otra foto en los periódicos de ayer igualmente significativa y grotesca, aunque no sé si grotesco es el término adecuado para una calamidad. Me refiero a la instantánea de un diputado europeo, en concreto el "verde" David Hammerstein, henchido de satisfacción porque la UE ha paralizado, probablemente durante años, cualquier ayuda económica para construir el puerto de Granadilla. Jolgorio, o como quiera denominarse esta fiesta bufa, extensible a quienes desde Canarias han convertido la oposición a dicha infraestructura en el principal motivo de su existencia.
No voy a entrar ahora en detalles sobre el impacto ambiental de dicho puerto porque ese es un asunto ampliamente debatido. Y no sólo eso; es también un debate viciado en el que no quieren entrar los detractores de la obra, porque probablemente se quedarían sin argumentos sostenibles a los pocos minutos de iniciada la discusión. Tampoco merece la pena reincidir en temas de especulación por una razón sencilla: a esos cientos de miles de parados canarios, a esos millones de desempleados si nos proyectamos al ámbito nacional, en estos momentos les importa un higo que alguien especule más o menos con tal de que les dé un empleo no ya para pagar la hipoteca, sino simplemente para poner un plato en la mesa de sus hogares. Huelga decir que David Hammerstein, con su generoso sueldo de eurodiputado, así como los colocados en trabajos seguros por estos alrededores, no tiene problemas de hambre ni de liquidez.
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