Herencia envenenada
El último informe de la FAO (Agencia de la ONU para la alimentación) es demoledor. Mil millones de seres humanos pasan hambre o mucha hambre. Doce millones mueren de hambre anualmente, y otras cifras espeluznantes que me hacen renegar de la especie a la que pertenezco. Lo novedoso del desastre es que ya no hay que referirse a países lejanos ni a desiertos remotos. Tenemos el hambre cerca de casa. Ya no es ganas de comer, es hambre, necesidad de alimentos y falta de nutrientes esenciales en sus cantidades mínimas diarias imprescindibles para un desarrollo saludable.
Supongo que todos saben qué es una herencia; sin embargo, en la dialéctica es muy importante saber que hablamos de lo mismo, homogeneizar las ideas. Define herencia sería la pregunta. Pues sí, por herencia entiendo lo que dejamos a los que vienen detrás cuando inevitablemente dejemos este valle de algunas alegrías y muchas lágrimas. Lo de moda que está lo sostenible. Consumir y utilizar las energías, materias primas, los territorios y los recursos para poder vivir, pero dejando espacio a nuestros hijos para que también puedan hacer lo mismo. Esto en cuanto a la herencia colectiva. Se asocia también a los bienes y posesiones materiales que, no pudiendo llevarnos a la tumba, ya que sólo necesitamos 2x1 metro de tierra, o menos si nos incineran, cuando nos muramos, se los dejamos a nuestros descendientes, ascendientes o herederos de cualquier tipo. Esto en cuanto a herencia individual o personal. ¿Se han preguntado qué es lo que dejaremos en herencia colectiva o individual a nuestros herederos? ¿Tanto poder da un voto que decide lo que heredamos y lo que heredarán nuestros hijos y nietos? Si es así, esto no es una democracia, estas instituciones no nos sirven y acatarlas y asumirlas es suicida.
Lo que heredarán nuestros descendientes por individual o colectivo será un mundo terrible, donde el hambre y las enfermedades campan en carrera infernal, las religiones y los sistemas políticos de experimentadores sociales nos torturan o encarcelan, nos llenan de guerras, muerte y opresión, donde las especies se extinguen, la energía y los recursos naturales se agotan, donde la basura y la contaminación nos asfixiarán tarde o temprano. El mundo, la Tierra, ni se enterará.
Es la especie humana la que está en peligro, lo que pulula sobre ella, a ras de ella, dentro de diez o cien mil años todo volverá a empezar. Ni siquiera, seguramente, seremos la especie dominante o no seremos de este diseño. Somos un charquito de agua fétida que después de una lluvia queda empozado y que al cabo de unos minutos de darle el sol, en nuestra escala millones de años, se llena de bacterias por cientos de millones y viven ajetreadas y consumen todo lo que tienen a mano.
Hemos tenido que luchar mucho en la evolución para llegar hasta aquí, por eso somos tan destructivos. Nos hemos ganado el derecho por haber resistido a las inclemencias de la naturaleza, a las fieras y a las enfermedades. Llevamos la muerte en nuestros genes por instinto de supervivencia y cuando no tenemos enemigos nos los inventamos para dar rienda suelta a nuestra maldad congénita. Pura supervivencia, ahora modulada.
Hay excepciones, ¿cómo no iba a haberlas? Muchas muy significativas, otras muchas reprimidas, pero hay excepciones que nos hacen creer que en el mundo reside una cierta parte de bondad y hay individuos que en la balanza hacen más bien que mal, suman más que restan, aportan más que toman.
L. Soriano
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