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El bautismo civil: una burla

25/jun/09 07:33
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EL PASADO día 4, el concejal socialista del Ayuntamiento de Madrid Pedro Zerolo fue el encargado de oficiar la ceremonia de un "bautismo civil" al hijo de la actriz Cayetana Guillén Cuervo, mediante un acto cívico celebrado en la capital del reino. Según Zerolo, con esta ceremonia se pretende seguir los principios de libertad, igualdad y respeto de la tradición iniciada en la Revolución Francesa, mediante un acto que consiste en que al niño/a se le da la bienvenida democrática compartiendo con sus familiares la lectura de artículos de la Carta Europea de los Derechos del Niño.

Por su parte, la madre de la criatura "bautizada" quiso aclarar que se emplea la palabra bautizo de una manera simbólica, sin tener nada que ver con el sacramento cristiano, es decir, una acepción más del término "bautizar", igual que se bautiza un barco o un edificio. Añadiendo que, "desde que nació el pequeño, hemos querido darle la bienvenida a una vida laica y democrática que estuviera de acuerdo con nuestras convicciones y creencias".

Este ha sido el cuarto "bautizo civil" que se ha celebrado en España. A pesar de ello, considero que llamar bautizo a estos actos civiles es una estupidez, una payasada, lo mismo que calificar de "matrimonio" las uniones de homosexuales. Esta es una política que no tiene otro objeto que molestar, agredir a la Iglesia, a los católicos y al sentido común de la gente, sea católica o no.

Veamos. Según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, una de las acepciones del término "bautizar" es "dar o poner nombre para distinguir o individualizar". Si nos atenemos al sentido religioso de la palabra bautismo, ciertamente, no se puede decir que el denominado bautismo civil, que es una ceremonia laica, constituya propiamente un bautismo, ya que este término procede del griego "baptizo", que significa "sumergir". Consiste en una inmersión en agua o un rociamiento (aspersión) que simboliza la identificación con una creencia o causa. La aplicación religiosa procede de los orígenes del cristianismo, cuando los seguidores de Juan el Bautista, primero, y los cristianos después, practicaron este rito como signo de entrada en la comunidad cristiana.

Desde el punto de vista cristiano es evidente que la ceremonia del bautismo civil tiene tanto que ver con el bautismo verdadero como lo puede tener el bautizo de un buque con una botella de champán. No es otra cosa que una pantomima con la que se celebra la inscripción en el Registro Civil de un niño/a cuyos padres no quieren que les echen las purificadoras aguas del bautismo. Esta ceremonia, que parece el colmo de la cursilería y el rebuscamiento, ya tiene denominación de origen: bautismo civil o "ceremonia civil de otorgamiento de carta de ciudadanía" (¡Toma ya!). Pero, por mucha voluntad civil que haya, todas estas ceremonias acaban siendo un calco, cuando no una parodia, de la religiosa. Por eso, mucho me temo que de proliferar estos "bautizos" por lo civil, el edil de turno les eche a las criaturas un jarro de agua por lo alto (embotellada, por supuesto) mientras pregunta a los padrinos si se comprometen a que el niño/a sea educado en la fe laicista del señor Zapatero con su catecismo socialista de Educación para la Ciudadanía.

Personalmente, me da igual que cada cual actúe como mejor, o peor, le venga. Lo que me parece una pollabobada es que lo hagan con estos actos simbólicos de ridiculización de las tradiciones, con la aparente y firme intención de anular cualquier atisbo de todo lo que para la mayoría de la gente de este país significa algo, lo que parece su única intención, su obsesión por crear una nueva sociedad tan "progre" y laicista que no la reconozca ni la madre que la parió.

Ya tenemos matrimonios civiles merced a la magnanimidad del señor Zapatero para con los homosexuales. Ahora se impone la moda de los bautismos civiles, y a este paso tendremos "comuniones civiles", "confirmaciones civiles" y, quién sabe, incluso "misas civiles" en las que el edil oficiante ilustre a los fervientes acólitos laicos mediante un libro de Educación para la Ciudadanía acerca de los bienes del socialismo.

El bautismo y el matrimonio son ritos cristianos que tienen consecuencias en la fe cristiana y no deben ignorarse. Como católico, no me gusta que la progresía socialista utilice los nombres de nuestros sacramentos para sus actos demagógico-laicistas.

 

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