EFE, Washington
El presidente de EEUU, Barack Obama, endureció ayer su tono al hablar de las protestas en Irán, y se declaró "escandalizado e indignado" por la represión contra los manifestantes. Obama, criticado por lo que la oposición republicana considera una respuesta muy tibia a la violencia del régimen contra los que reclaman reformas, aprovechó ayer una rueda de prensa, la primera en solitario en casi dos meses, para expresar su "condena enérgica" de las acciones "injustas" contra quienes protestan en las calles en Irán.
"EEUU y la comunidad internacional están consternados y escandalizados por las amenazas, palizas y encarcelamientos de los últimos días", dijo Obama, en una declaración inicial antes de contestar las preguntas de la prensa. Acusó a miembros del Gobierno iraní de acusar a EEUU de instigar las protestas sobre el resultado de las elecciones como una forma de evitar el debate sobre el futuro del país.
"Estas acusaciones son claramente falsas y absurdas. Son un intento obvio de distraer a la gente sobre lo que está pasando de verdad dentro de las fronteras de Irán", declaró Obama.
Añadió que "el pueblo iraní tiene el derecho universal de reunión y de libre expresión".
"Si el Gobierno iraní quiere el respeto de la comunidad internacional, debe respetar esos derechos y prestar atención a la voluntad de su propio pueblo", afirmó Obama.
En su rueda de prensa, Obama defendió la postura que ha mantenido hasta ahora de no involucrar a EEUU en el movimiento interno que se ha generado en la República Islámica.
"Lo más importante es que el Gobierno de Teherán se dé cuenta de si cuenta con la legitimidad suficiente a ojos de sus propios ciudadanos, no a ojos de Estados Unidos", dijo.
El Gobierno iraní "debe reconocer que hay un camino pacífico para resolver lo que está ocurriendo estos días. Esperemos que lo tome", manifestó el presidente estadounidense.
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