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ENRIQUE MARTÍN BRAUN

Caudal de energía

24/jun/09 07:45
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LA FIESTA futbolística de este año terminó, estruendosamente, el domingo en el Estadio chicharrero con el multitudinario homenaje que los aficionados, seguro, tributaron al primer equipo canario, es decir, al Tete. Estas líneas están escritas con anterioridad a esa asistencia masiva, casi histérica, de miles de personas que tenían algo que agradecer a unos jugadores que practican un deporte que, hace ya muchos años, ha dejado de serlo para convertirse, con maniobras especulativas, en formidables empresas que pagan muy bien a sus empleados y mejor aún a sus directivos.

Hablando de dineros, lejos del "Heliodoro" se fraguó una operación insultante llevada a cabo por el equipo del régimen que ha sacado a la luz lo que se ha pagado sólo por dos jugadores de la nueva plantilla de Florentino Pérez y el "psiquiatra" Jorge Valdano: alrededor de 150 millones de... ¡euros! Aquí, más discretos, esa cifra se reduce a 33 millones como presupuesto para toda la temporada que viene... que no es moco de pavo.

Nos alegra el ascenso a la Primera División del fútbol nacional del C.D. Tenerife, por lo que puede representar para nuestra Isla en los terrenos de la promoción exterior y económico. En la última semana, el equipo y el nombre de Tenerife han aparecido en todos los medios nacionales sin gastos alguno. Pero habrá que ir pensando en invertir algo más para que esta plantilla se codee con esos millonarios que se bajan de coches de superlujo y cenan en restaurantes de cinco tenedores y un cucharón, pagaron veinte mil euros por una comida, como ocurrió con Ronaldo y amigos. Aquí no podemos seguir, aunque sea loable, con banderitas y bufanditas cantando "Chicharrero de corazón". Y tampoco pendientes de una nueva reunión en "La Ermita", con la chistera de Paulino y su don para obtener acuerdos con empresarios en la noble tarea de mantener, al menos, la dignidad. Se entra en otro mundo conocido por los aficionados tinerfeños, no por lo que conforman el equipo actual, y, al margen de la ilusión de los seguidores que siempre debe notarse, hay que plantearse nuevas acciones para soportar el peso y la responsabilidad de una categoría superior llena de figuras acostumbradas a mirar por encima del hombro y a realizar un juego, como el del Barcelona, muy distante al que se practica por estos lares de segunda.

Dos imágenes extrafutbolísticas se nos quedaron en la retina el domingo desbordado. La primera, todo ese mar de ciudadanos que llenaron las autopistas, los puentes, las plazas y las calles del Chicharro. Queremos decir que este pueblo es capaz de unirse motivado por los triunfos de un equipo de fútbol y, sin embargo, es incapaz de hacerlo por defender, por ejemplo, un derecho que continuamente se le conculca. Una pésima gestión sanitaria es la responsable de los penosos espectáculos (se trata de penosos espectáculos) que, día tras día, soportan los que han tenido la desgracia de caer enfermos y tienen que visitar los servicios de Urgencia. Allí pueden estar tirados en los pasillos tiempo y tiempo... y nadie se reúne, se manifiesta, protesta y exige que se les atienda como personas. No. Allí no juega el Tenerife. Allí juega la salud sin rechistar, sin la más mínima disconformidad. Porque si se pierde la paciencia surge el "seguritas" de turno que nada tiene que ver con el sistema. O sí, que es peor. Ese caudal de energía que transcurrió por Santa Cruz podría canalizarse en una serie de reivindicaciones que esperan, escondidas, en algunas gavetas del Gobierno canario o en solicitar, educada y seriamente, que determinados cargos públicos abandonen para siempre esas poltronas que ya llevan grabadas las marcas de sus posaderas.

La otra imagen que nos chocó tuvo que ver con la presencia ubicua del presidente canario y la utilización partidista de la televisión autonómica. El jefe del Ejecutivo no debe salir duchándose en los vestuarios con los jugadores o convertirse en el protagonista de entrevistas y apariciones en la balconada del Palacio Insular. Si lo que perseguía era un rédito de votos, debió intercambiar opiniones con sus asesores y proceder a un oportuno tirón de orejas por no aconsejarlo. La imagen del presidente hubiese quedado con transparencia (como a él le gusta expresarse) simplemente con el recuerdo, por parte de los buenos aficionados, de aquel encuentro en El Sauzal, felices prolegómenos de lo que hoy es una festiva realidad.

 

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