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EDITORIAL

La doble amenaza de Marruecos

23/jun/09 07:26
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UNA NUEVA amenaza de Marruecos se cierne sobre Canarias: los grandes complejos turísticos, capaces de competir con los existentes en las Islas y comprometer el futuro del principal sector de nuestra economía. Publicábamos el pasado sábado que el rey Mohamned VI ha inaugurado un monumental complejo turístico en el Norte del país. Dispone de más de 30.000 camas, de las cuales 17.000 serán turísticas. Cuenta con nueve hoteles, doce urbanizaciones, ocho residencias, 2.700 apartamentos, 300 villas, tres campos de golf, un puerto deportivo y un centro comercial con capacidad para 160 tiendas. La inversión supera los mil millones de euros.

No es esta la única actuación que está realizando Marruecos para aumentar su potencial turístico. Agadir ya es un emporio en este sentido, con infraestructuras que nada tienen que envidiar a las mejores zonas del Sur de Tenerife o de Canaria. Cerca de esta localidad, un consorcio de empresas -una de ellas muy conocida en Canarias- construye a ritmo acelerado otro complejo con 22.000 camas y otros tres campos de golf, sobre una superficie tan grande como todo el Valle de la Orotava. El monarca alauita visita con frecuencia las obras y urge que los hoteles y demás instalaciones estén listos cuanto antes.

Estamos convencidos de que esos gigantes complejos turísticos no sólo suponen una seria competencia para las Islas, como decíamos al principio de este editorial, sino que de hecho acabarán con el turismo en Canarias. Marruecos cuenta con ventajas de las que hoy carecemos en el Archipiélago. Para empezar, sus modernos hoteles son tan buenos o mejores que los nuestros, los salarios son más bajos -lo cual permite ofertar mejores precios-, la seguridad ciudadana es mayor ya que se trata de un Estado fuertemente custodiado por la Policía y la Gendarmería Real, en sus extensísimas playas luce el sol todo el año, la gestión de los establecimientos en los núcleos turísticos y sus aledaños está muy controlada por las autoridades para que no se produzcan abusos y, por si fuera poco, no hay falsos ecologistas que majaderamente se oponen a todas las iniciativas, incluso aquellas respetuosas con el entorno. En dos palabras, frente a Marruecos estamos perdidos.

A este peligro debemos añadir el otro; ese del que hablamos constantemente porque también es real: la exigencia por parte de Rabat, el día menos pensado, de que Canarias pase a ser una provincia marroquí. Posiblemente tendremos un estatuto especial. Incluso cabe prever que se nos respetará nuestra religión mayoritariamente católica -o no-, así como nuestra lengua y nuestras costumbres, pero estaremos bajo la hegemonía de Mohamed VI. Zapatero no tendrá ningún cargo de conciencia por que un monarca alauita sustituya en Canarias a un Borbón. Al tiempo, que no será mucho. Se lo advertimos una vez más a los amantes de la españolidad de estas Islas, a los isleños narcotizados por la Metrópoli y a los que, aun siendo conscientes del peligro que corremos, prefieren permanecer de brazos cruzados. La realidad será cruel con todos. Luego, a llorar al valle.

Canarias, lo decimos una día más, será marroquí si antes no es independiente. Si antes no se constituye como un Estado soberano, con presencia en los foros internacionales. Mohamed VI, zalamero como corresponde a un mandatario deseoso de anexionarse territorios, nos ofrecerá el oro y el moro. Permitirá que sigan adelante algunas cosas que hoy tenemos entre manos. Por ejemplo, les permitirá a los canariones que construyan su tren transiberiano, a la niña de la política pura que continúe de florero político en Madrid, a los hermanos Ríos que persistan en jugar y divertirse con un Estatuto inservible -mas inservible que nunca, pues Canarias habrá dejado de ser una comunidad autónoma española para convertirse en provincia marroquí- y le permitirá, asimismo, a Paulino Rivero que siga con sus titubeos y sus temblores delante de don Zapatero. Lo que en realidad debe hacer el presidente de Canarias es sacar los clorocos, ponerlos encima de la mesa y decirle al de los mofletes que los isleños, entre ellos el propio señor Rivero, quieren ser independientes por los motivos que siempre hemos expuesto: tener una identidad como pueblo, vivir como personas dignas, reivindicar la memoria de nuestros ancestros los guanches, vilmente sacrificados en la cruel y rapiñadora conquista de los adelantados, y tener la capacidad de administrar nuestras riquezas, que son ingentes; tanto las presentes como las potenciales.

Respecto a este último punto, este Archipiélago puede ser tan pujante como cualquiera de los cuatro dragones asiáticos. Así lo recordaba acertadamente nuestro colaborador Antonio Álvarez, aunque con un "tic" de ironía, pero convencido de esa realidad, en su artículo del pasado domingo, desde su condición de gran conservador, gran patriota y poseedor, como reza la copla de "La Verbena de la Paloma", de lo que hay que tener: pero valentía. Valentía, don Paulino, para asumir de una vez que no tenemos otra salida que la independencia; para afirmar sin tapujos que el Estatuto es una babiecada, pues supone ponernos al cuello la cadena que nos ata a nuestros pretendidos amos peninsulares.

¿Hasta qué punto dependemos de los peninsulares? Pues de forma casi absoluta. Como bien recuerda la Comunidad Canaria en Londres, el Gobierno autonómico se comporta como un apéndice de la Metrópoli, pues no tiene competencias ni para controlar nuestras fronteras, ni para impedir que Madrid se quede con el petróleo que pueda existir en el mar territorial canario. Tampoco tiene consulados y embajadas en el extranjero, para defender a los canarios que la diáspora regó por todo el mundo.

Hoy "amenizamos" este editorial con la bandera marroquí. Lo hacemos para que todo el mundo sepa que de la roja y gualda española pasaremos a la roja y verde magrebí, aunque a nosotros no nos gusta ninguna de las dos. Queremos la propia. La blanca, azul y amarilla, con las siete estrellas verdes.

Reaccionemos. Reaccione usted, señor Rivero. El porvenir de Canarias está en sus manos. Déle usted un susto a Zapatero y verá como será él quien se ponga de clancas. Antonio Artiles Mejías, patriota e independentista que entrevistamos en nuestra edición del pasado domingo, ha advertido sobre la estrategia de la diplomacia española, que se mueve con eficacia en el plano internacional, mientras que dentro de España se mueve con el silencio, amordazando a los medios de comunicación públicos y privados. ¿Saben los españoles que Canarias quiere la independencia?

 

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