LA EXPECTACIóN con la que se esperaba al Corella Ballet Castilla y León dejó al final un sabor agridulce. El director de la compañía cometió la torpeza de dar dos funciones, la primera de calidad bastante dudosa y la segunda con el nivel que el público esperaba.
No sabemos la razón por la que al director de la compañía se le ocurrió llevar a cabo esta situación de por sí de mal gusto, pero lo cierto es que al público de la primera sesión le pareció la función algo más que una tomadura de pelo, diríamos que una falta de respeto.
A nuestro juicio, la única razón que justifica la adjudicación del papel de Carmen Corella como Nikiya quizá sea el parentesco con el director de la compañía. Nunca hemos dudado de que Carmen sea una excelente solista, pero de eso a ostentar el papel principal hay un trecho. Pensamos que no está preparada técnicamente para un rol de esa categoría; no logró muchos de los equilibrios que debía de haber mantenido, ni tampoco los giros, así como el trabajo de pareja que resultó pesado y poco preciso. De lo que estamos seguros es de que Corella no habría puesto a su hermana en este papel si en lugar del Auditorio de Tenerife se tratara del Liceo de Barcelona o de la Ópera de Madrid.
En cuanto a Nehemias Kish, el Solor del primer día, fue un auténtico fiasco. No sabemos si por la precipitación de su cambio o porque realmente su calidad artística no estaba a la altura del personaje. Tiene un buen físico como bailarín, pero la técnica es insuficiente.
Por suerte no todo fue negativo. Excelente la variación del Ídolo de Bronce, mejor el primer día con Yevguen Uzlenkov que el segundo con Fernando Bufalá. Excelente asimismo la calidad del cuerpo de baile femenino, también mejor el primer día que el segundo, donde se notaron ciertos desajustes y fallos de coordinación. A juzgar por su media de edad promete ser un conjunto que dará que hablar y bien. No podemos decir lo mismo de sus compañeros masculinos, cuya falta de sincronía fue notoria, llegando a diluir el encanto de algunos fragmentos, como el Pas d´action del tercer cuadro del acto I; sin embargo seríamos injustos si no reconociéramos en algunos de estos bailarines una técnica innegable, pero estamos hablando de un grupo y no de individualidades y por ello lo que hemos comentado de positivo tendremos que confirmarlo más adelante, cuando haya un mayor equilibrio en las calidades y cualidades del conjunto.
En cuanto a Nikiya del segundo día Kozko Omori, mejoró la representación con respecto a su antecesora. La Gamzeti del segundo día tiene todos los alicientes de la escuela cubana aunque en su actuación no estaba del todo centrada, en especial al final de la obra.
Siempre resulta un aliciente ver en el escenario a Corella, aunque los años no pasan en balde. Quizá en su afán de agradar al público se excedió en el uso de la técnica para demostrar el más difícil todavía, sobre todo si tenemos en cuenta que la figura principal masculina de este ballet es un personaje tranquilo (si lo comparamos con el Basilio de Don Quijote o con el protagonista del Corsario). Dejando a un lado el comentario técnico de estas líneas, me gustaría expresarle mi impresión sobre las actuaciones que realiza en Tenerife: en efecto, es un bailarín muy querido en esta isla pero no creemos que responda con el entusiasmo que debiera y que el público se merece. A un público totalmente entregado no se le puede pagar con desplantes que más bien demuestran el equivocado concepto sobre la sensibilidad que sobre música y ballet tienen estas islas. Debería hacer más caso a comentarios como el que efectuó un joven estudiante de ballet de Santa Cruz en uno de los descansos: Hemos asistido a dos ensayos seguidos de una Bayadera.
Tanto el primero como el segundo día la puesta en escena fue muy desigual. Correctos los decorados, fieles a los de Puer Luigi Samaritani, si bien tenemos que apuntar que para un ballet de esta envergadura en que es necesario abrir un generoso espacio para el foso de la orquesta, el escenario del Auditorium quedaba pequeño. Pobre gran parte del vestuario como el exceso de discreción al final de la escena III del acto I donde la danza de Nikiya podría haber sido mucho más vistosa con un atrezzo más digno. Capítulo aparte merecen los figurantes, no se sabía si eran cautivos de Babilonia o sacerdotes brahamanes. No pedimos milagros, pero después del casting no hubiera venido mal el haberles dado unas lecciones de cómo moverse en escena y sobre todo de cómo se camina en un escenario de ballet (estamos hablando de ballet, no de ópera).
Finalmente, la orquesta realizó un trabajo excelente, sin duda producto de la gran profesionalidad de su director Philip Ellis, quien supo ofrece el color y el calor que la obra necesitaba. A lo largo de toda la partitura acertó por el tempo adecuado que a veces tan difícil puede llegar a ser en un espectáculo de danza, donde a la discreción se debe unir la brillantez que, sin duda, su batuta consiguió en todo momento. Nuevamente la Orquesta Sinfónica de Tenerife muestra una de sus tantas cualidades, la maleabilidad que se debe tener cuando la batuta de un director como Ellis conoce a fondo y tiene la sensibilidad necesaria para leer una partitura como la de ayer.
Bienvenido el Ballet Corella, esperamos su regreso con cariño, como siempre, pero con un poco más de respeto hacia el público cuya sensibilidad musical para la danza ha crecido lo suficiente como para ofrecerle algo más. Y un tirón de orejas a la gerencia del Auditorio por el maltrato a los abonados de la Orquesta Sinfónica que, en el fondo, son los que velan, en parte, por este sector de la cultura.
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